domingo, 15 de noviembre de 2009

DE HELSINKI A BERLIN

MUCHO SE HA ANALIZADO LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN EN 1989. SIN EMBARGO, PARA ENTENDER LAS CAUSAS QUE TAMBIÉN CULMINARIAN CON EL FIN DEL LLAMADO SOCIALISMO REAL EN EUROPA, ES NECESARIO TENER EN CUENTA EL PAPEL DECISIVO QUE JUGO EL ACTA FINAL DE LA CONFERENCIA SOBRE SEGURIDAD Y COOPERACION EN EUROPA, SUSCRITA POR 33 PAISES EUROPEOS ­ENTRE ELLOS LA UNION SOVIÉTICA-, ADEMAS DE ESTADOS UNIDOS Y CANADA. EL 1 DE AGOSTO DE 1975, EN HELSINKI, SE PUSO EN MARCHA UN PROCESO IRREVERSIBLE QUE CULMINARIA CON EL FIN DE LA GUERRA FRIA.


Los acuerdos rubricados en Helsinki expusieron claramente el vínculo entre los derechos humanos individuales y la seguridad nacional. Ayudaron a terminar los regímenes comunistas en Europa Oriental e impulsaron nuevas relaciones económicas y de seguridad entre Occidente y Oriente. Pero además, derivaron en la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), de 56 miembros, una activa entidad internacional que hoy aboga por la democracia y los derechos humanos en todo el mundo.



Sin embargo, para la mayoría de los expertos en política internacional el logro más grande de Helsinki fue el establecimiento de un conjunto de obligaciones de derechos humanos y compromisos democráticos, por los que los ciudadanos de toda la región pudieron exigir desde la década del 70 a sus gobiernos el cumplimiento de los mismos.



En el pacto de Helsinki los soviéticos tenían una prioridad. Que se consideraran definitivas las fronteras trazadas después de la Segunda Guerra Mundial y que ellos creían amenazadas por los alemanes occidentales y las potencias aliadas. Los países del Oeste, en cambio, tenían otra. La de que se garantizaran los derechos humanos en Europa Oriental.



Los soviéticos firmaron el acuerdo de Helsinki, 30 años después del final de la II Guerra Mundial, pensando que estaban haciendo una buena jugada en el tablero geopolítico que enfrentaba a los dos bloques al asegurar sus fronteras, pero en realidad el documento aceptado puso en marcha el proceso que minó los rígidos cimientos del Muro de Berlín y encendió una rebelión que llegaría incluso hasta Moscú.



Los ciudadanos se enteraron de que los derechos humanos tenían vigencia incluso en donde no eran respetados, y que los países europeos eran garantes entre sí, de la vigencia de los mismos y de su defensa.



En los primeros momentos, los sectores más conservadores de Occidente consideraban que el tratado no cambiaría mucho las cosas en la Unión Soviética, pero en el largo plazo el acuerdo se constituyó en un instrumento útil para resolver y distender los conflictos, y finalmente condujo al desmantelamiento del poder soviético tanto en Europa Oriental como en la propia Rusia. Tras la conferencia de Helsinki a los ojos de observadores, habían sido los países del bloque del Este los más beneficiados, unos años después se vio que el respeto a los derechos humanos jugaba un papel de creciente importancia en dichos países.



Los grupos disidentes en la República Democrática Alemana y en Polonia, entre ellos el Sindicato Solidaridad, se apoyaron en el acta de Helsinki. También la Carta 77, que entre otros firmó quien fuera el presidente de la República Checa, Václav Havel, se ampararon en lo que el propio gobierno se había comprometido en Helsinki: la defensa de las libertades individuales.



Como sustento legal, los disidentes se escudaron en el punto 7 de la Declaración de Helsinki, que sus respectivos regímenes habían rubricado en 1975. Según dicho punto, los Estados firmantes de la declaración se comprometían a respetar los derechos humanos y libertades fundamentales, así como las de pensamiento, religión o creencia de todo ciudadano. Las opiniones y reivindicaciones de los intelectuales desafectos con el sistema socialista se convirtieron en la punta de lanza de la rebelión y las protestas de la mayoría de la sociedad civil, descontenta con la situación social y económica. El acta de Helsinski, también impidió que los gobiernos de los países del bloque del Este combatieran a estos emergentes movimientos disidentes con medios militares, como se había sucedido en 1953 en Berlín Oriental, en 1956 en Hungría y en 1968 en Praga.



En un reciente artículo titulado "Sendas hacia 1989" el historiador alemán Fritz Stern sostiene que al comienzo "pocos líderes políticos, de ambos lados, percibieron el potencial incendiario de Helsinki, que ofrecía a los movimientos disidentes de Europa Oriental y de la Unión Soviética el aliento moral y algo de protección legal".



El acta de Helsinki fue el documento que llevaría al continente de la división a la integración. Como consecuencia de esta transformación geoestratégica, el conflicto Este-Oeste que llevó a Europa en más de una ocasión al borde de una nueva conflagración mundial, que de producirse sería atómica, fue superado. La Guerra Fría llegaba así a su final.



Desde principios de los años noventa, el proceso de Helsinki se ha ampliado más allá de Europa. La OSCE tiene ahora programas de democracia en conjunto con seis naciones del Mediterráneo y cinco países de Asia, lo que la hace la única organización política del mundo completamente inclusiva, transatlántica, europea y euroasiática. La OSCE estableció nuevas estructuras, y enfrentó nuevos desafíos, desde el terrorismo al cambio climático, la transparencia militar y la estabilidad en los Balcanes y en el territorio de la antigua Unión Soviética.



Los principios de Helsinki se promueven hoy mediante un enfoque para resolver los conflictos por medio de mecanismos para crear confianza, elaborados por la OSCE junto con la sociedad civil, los gobiernos y el sector privado, para ayudar así a desactivar las tensiones políticas, no solamente en Europa, sino en cada vez más lugares del mundo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Una “bomba demográfica” en Israel

En algunos años la población árabe-palestina podría ser mayoría en Israel frente a la judeo-israelí si se mantienen las actuales tendencias demográficas, afirman expertos. Y un Estado de Israel que no logre resolver la ecuación demográfica árabe-palestina, acabaría siendo no democrático o no judío, o quizás ninguna de las dos. La hipótesis es clara para algunos académicos. El Estado de Israel, como hogar nacional del pueblo judío, como Estado que se autodefine como judío y democrático, podría llegar a su extinción como lo conocemos hoy. La afirmación podría parecer apocalíptica, pero está en el centro de muchos debates académicos sobre el conflicto de Medio Oriente.


Esta amenaza interna podría convertirse en una bomba de relojería para el Israel del siglo XXI. Según un artículo que publicó el filósofo sirio residente en Paris, Hashem Saleh, en el diario Al-Sharq Al-Awsat, la victoria sobre Israel sería lograda no por las armas sino a través de una táctica diferente: la demografía. “Soy positivo en que podemos ganar esta batalla sin disparar un solo tiro. Nosotros podemos hacer esto empleando una táctica diferente, es decir a través de nuestra natalidad y demografía. Los palestinos agobiarán a los israelíes e influirán sobre ellos a través del número de sus habitantes”, sostuvo el filósofo sirio en la publicación árabe que se edita en Londres.

Yasser Arafat, en 1980, ya había hablado de esta táctica como una “bomba demográfica” contra Israel. “El útero de nuestras mujeres es el mejor arma para doblegar a los judíos”, solía afirmar el desaparecido líder histórico palestino.

Que se trata en parte de una opción ideológica es algo que parece evidente. Según algunos expertos palestinos, tener familias numerosas se ha convertido en casi un deber patriótico. El aumento de la población árabe se convierte en un mecanismo de seguridad: la garantía de continuidad del combate contra los israelíes.

La tendencia demográfica al alza de los palestinos se ha intentado contrarrestar con las migraciones de judíos desde todos los continentes. Sin embargo, hay que sumarle los palestinos de Gaza, Cisjordania y los casi cuatro millones de refugiados que viven en los estados árabes limítrofes y cuyo regreso es una reivindicación tradicional de las facciones palestinas.

Si la tendencia actual persiste, los árabes constituirán la mayoría de los ciudadanos israelíes en 2040 o 2050.

La Oficina Central de Estadística de Israel publicó recientemente su informe anual de datos que muestran cifras sobre el estado general de Israel, que indica que la población actual del país es de 7 millones 465 mil personas, de las cuales el 75.47% (5,634.000) son judíos; el 20.26% (1.513.000) árabes y, el 4.25% restante (318.000) se definen como “otros”, un grupo formado en su mayoría por los inmigrantes y sus familias que no están registrados como judíos. El 70 % del total de la población judía son israelíes nativos, o “sabras”, y al menos la mitad de ellos son segunda generación en el país, comparados con la población israelí nativa del 35 % cuando se estableció el Estado en 1948.

Durante 2008 nacieron 156.923 bebés, un aumento del 3.5% comparado con los nacimientos durante el año anterior; esto significó un aumento de 2.8 a 2.96 en el promedio de hijos de las familias judías. En la comunidad musulmana, el promedio de niños por madre fue de 3.84, lo que representó un descenso en relación con el de los dos años anteriores, cuando fue del 3.97 por ciento. Esto indica que el crecimiento de la comunidad árabe musulmana sigue siendo superior a la judeo-israelí.

La población en Israel, según el pronóstico de la oficina especializada, será de 10 millones de habitantes hacia 2030.

La situación demográfica de Israel, considerada una amenaza interna, no está fuera de los análisis del conflicto, teniendo en cuenta además las otras amenazas externas. En el sur el grupo terrorista islámico Hamas, en el norte el grupo fundamentalista Hezbolá, y desde el este el Irán nuclear que proclama la destrucción del Estado israelí, se oponen a la existencia de un Estado judío.

Muchos de los casi un millón y medio ciudadanos árabes de Israel se han radicalizado. Durantes los últimos conflictos militares que enfrentaron a las tropas israelíes con Hamas y Hezbolá ellos han reconocido abiertamente una identidad palestina y han hecho suyos los objetivos nacionales palestinos. Sus portavoces afirman que su lealtad está con su gente, más que con su Estado en el que viven, Israel. Muchos de los líderes de la comunidad árabe, que se benefician de la democracia israelí, apoyaron más o menos públicamente al grupo Hezbolá en 2006 y algunos hasta abogaron la disolución del Estado judío.

Las tendencias demográficas de Medio Oriente suponen una amenaza real para la estabilidad y la democracia, y están a la par de las cuestiones militares y estratégicas. Hace años Kadhafi dijo, refiriéndose a Occidente: “Ustedes tienen la bomba atómica, pero nosotros tenemos la bomba demográfica”. El Instituto de Política Migratoria de Estados Unidos estima, por su parte, que para 2050 el 20% de la población de la UE será de fe islámica. Los no musulmanes podrían quedar en minoría en Francia y quizás en casi toda Europa a mediados de esta centuria. En Austria, que el siglo pasado tenía 90% de católicos, en 2050 el islam podría ser el credo mayoritario entre los menores de 15 años. En Bruselas, el corazón político de la UE, los primeros siete nombres más usados en 2008 para recién nacidos fueron Mohamed, Adam, Rayan, Ayoub, Mehdi, Amine y Hamza. Todos de origen árabe.

Por eso hoy en una época de cambios demográficos, con un cuarto de la población de Israel no judía -y el número va en aumento- los árabes que viven en el oeste de Jordania pueden volverse mayoría pronto, y surge una pregunta: ¿cómo se preservará la seguridad de una eventual minoría judía? La amenaza existe. Si Israel no logra la paz con sus vecinos palestinos, podría dejar de existir como Estado judío y democrático, y como la última frontera de Occidente con Medio Oriente.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El narco-Estado talibán

Afganistán va en camino de convertirse en un “narco-Estado”. Un informe presentado a principios de septiembre al Congreso estadounidense lo advierte. La alianza entre los señores de la guerra y los grupos de criminales que se benefician del narcotráfico añaden un elemento singular en la guerra contra los talibanes, que con el apoyo de Pakistán y Arabia Saudí se instalaron en Kabul en 1996.

Los esfuerzos para acabar con la producción de opio en Afganistán, mayor productor del mundo de esa droga cuyo comercio ilegal alimenta a la insurgencia fundamentalista e islámica, son hasta ahora insuficientes. La economía de la droga y de la corrupción es tan extendida que Afganistán podría convertirse muy pronto en un “narco-Estado”, en una región en donde las escalda de violencia va en aumento. Afganistán es responsable del 92% de la producción mundial de opio, que alimenta un mercado de 65.000 millones de dólares con 15 millones de clientes en el mundo, según un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC).

Estos importantes recursos, en el quinto país más pobre del mundo, benefician en gran parte a los fundamentalistas talibanes, que financian así su insurrección contra el gobierno apoyado por una coalición occidental que lidera Washington.

El opio continúa siendo un negocio lucrativo, y a pesar de una caída del 25% entre 2008 y 2009, se vende entre 113 y 85 dólares el kilogramo. La producción de opio afgano se disparó, para alcanzar las 6.900 toneladas en 2009, superando al consumo mundial. Las reservas de opio acumuladas en el país centroasiático alcanzan ahora, según la ONUDC, las 12.000 toneladas.

Estados Unidos y sus aliados de la OTAN deberán inevitablemente combatir la producción y el tráfico de opio y heroína en Afganistán, Pakistán e Irán, para derrotar al movimiento islamista Talibán y estabilizar la nación centroasiática. Esos tres países forman la llamada “Media Luna Dorada”, una de las dos principales áreas de producción de esas drogas y otras derivadas de la amapola, junto con el llamado “Triángulo Dorado” del sudeste asiático, formado por Tailandia, Birmania y Laos.

Naciones Unidas teme que los réditos del narcotráfico se hayan hecho ya más importantes que la ideología y ello explicaría la desbordante corrupción presente en Afganistán. Ashraf Ghani, ex ministro afgano de Finanzas, dejó su cargo en 2004, según él, porque el Estado afgano estaba bajo el control de los narcotraficantes. “Este narco-Estado se ha consolidado”, afirmaba.

Es por ello que la estrategia para el combate contra el narcoterrorismo que Colombia lleva adelante ya está a consideración de muchos estrategas de la coalición occidental, para las futuras batallas contra los talibanes.

“Como sucedió en Colombia en los años 80, el cártel del opio compra a los políticos y de este modo consolida el control sobre el territorio nacional. A diferencia de las FARC, integradas plenamente en el narcotráfico hasta el punto de convertirse en su milicia armada, los talibanes mantienen su independencia, aun siendo instrumentos útiles para la consolidación de los feudos del opio”, aseguró la economista italiana Loretta Napoleoni, especialista en los modelos económicos del terrorismo.

Entre el 2005 y el 2008, el Talibán recaudó unos 160 millones de dólares en impuestos a los narcotraficantes y los campesinos que cultivan la amapola o adormidera, descrita hace siglos por un célebre médico chino como “la flor que mata como un sable”, y base del opio y sus derivados, la heroína y la morfina. Además, los opiáceos dan a los talibanes y otros grupos inspirados en Al-Qaeda una cuota de mercado de unos 1.000 millones de dólares anuales en la vecina Pakistán, según los informes.

En estos días el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y sus asesores civiles y militares están analizando el nuevo rumbo de la guerra necesaria, como la calificara el jefe de la Casa Blanca. Más allá de las decisiones sobre cuántos soldados más se sumarán a la ofensiva, para todos está claro que la estrategia contra los narco-talibanes no puede ser la misma que en Irak. La alianza entre el terrorismo islamista y el narcotráfico tiene el dinero suficiente y el tiempo necesario para enfrentar a todos los que se interpongan en su camino. Para ganar la guerra en Afganistán es ineludible combatir el tráfico de drogas. Por lo tanto, la lucha contra la producción y tráfico de drogas debe figurar entre las prioridades de la estrategia y contar con instrumentos a la altura de otros componentes civiles y militares en la lucha contra el terrorismo y el islamismo radical.

Los campos de Afganistán cubiertos por las rojas flores de la amapola, cultivo que se extiende peligrosamente a todas las provincias, son parte vital de la simbiosis entre terroristas y narcotraficantes para financiar la guerra que hace ocho años llevan adelante los insurgentes islamistas. Las consecuencias son previsibles sin no son derrotados. Afganistán será un narco-Estado alimentado por la economía de los narcoterroristas.

jueves, 22 de octubre de 2009

Una guerra con dos escenarios

Los talibanes, grupo musulmán de origen pashtun (mayoría étnica en Afganistán y parte de Pakistán), se han convertido en la piedra en el zapato del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y de sus aliados de la OTAN. Los servicios de inteligencia estadounidenses estiman que cada vez hay más fundamentalistas islámicos que operan en la frontera afgano-paquistaní. De unos 10.000 insurgentes en 2007 hoy estarían operativos unos 17.000. Alrededor de 1,5 por ciento serían extranjeros y algunos pertenecerían a la red terrorista Al Qaeda.



Mientras que la situación empeora en Afganistán, pese a los más de 100.000 soldados occidentales que están desplegados -de los cuales 65.000 son norteamericanos- y al envío de más tropas, el flagelo de los terroristas islámicos se extiende peligrosamente a la vecina Pakistán, uno de los países nucleares de la región. La hipótesis de conflicto permanente de Pakistán ha sido la India, su vecina y enemiga histórica, por lo que el ejército está preparado para una guerra convencional, pero no para combatir a los insurgentes. Los talibanes que huyeron a Pakistán, se hicieron fuertes con el apoyo del servicio de inteligencia de ese país. Los pakistaníes sostienen a insurgentes pashtun o han tolerado a los grupos punjab, incluso Jaish-e-Muhammad y Lashkar-e-Jhangvi, por afinidad ideológica y para contrarrestar la influencia de India.

La sangrienta serie de atentados que causó la muerte a casi 200 personas en los últimos días demuestra que los talibanes intensifican su ofensiva, mientras que las fuerzas de seguridad paquistaníes se muestran impotentes para frenarla como sucede en la vecina Afganistán. Los insurgentes islamistas aliados a Al Qaeda son responsables de una ola sin precedentes de atentados, en su mayoría suicidas, con un balance de más de 2.250 muertos en los últimos dos años, y la huída de más de 90.000 civiles desde comienzos de agosto.

Los fundamentalistas y sus aliados superaron los conflictos generados por la sucesión del jefe del Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP), Baitulá Mehsud, abatido el 5 de agosto pasado por un misil norteamericano, y se hacen fuertes en su bastión de Waziristán.

Los sangrientos enfrentamientos y atentados muestran que el conflicto se prolongará y que la situación del único país musulmán que cuenta con la bomba atómica se parece cada vez más a la de Irak o Afganistán, en lo que a violencia se refiere.

El mayor error lo cometió el ex presidente paquistaní, Pervez Musharraf, que a pesar de apoyar la alianza internacional contra el terrorismo, permitió que los talibanes que huían de la ofensiva estadounidense y de la OTAN erigieran santuarios en las regiones tribales de la frontera con Afganistán.

Esta manifestación del poderío talibán puso en aprietos al gobierno del presidente Asif Alí Zardari, el viudo de la asesinada líder Benazir Bhutto, ya que evidenció la extrema debilidad del gobierno, la primera administración civil en una década, inmersa en graves problemas sociales, económicos y de seguridad.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama promulgó hace pocas horas una ley de ayuda al país asiático por 7.500 millones de dólares destinados, entre otras cosas, “a combatir el extremismo que amenaza a Pakistán y a Estados Unidos”. La ley, también conocida como Kerry-Lugar-Berman, contempla la entrega de recursos por un monto de más de mil millones de dólares anuales.

Washington le reclama al gobierno de Zardari una ofensiva real en las montañas del noroeste pakistaní, en el límite con Afganistán, donde se refugia la cúpula de Al Qaeda, y desde donde se alimentan las redes terroristas de yihadistas.

Waziristán del Sur es uno de los reductos de los talibanes junto a la frontera con Afganistán. Se estima que allí residen entre 6.000 y 10.000 combatientes talibanes, a los que hay que sumar la presencia de un importante número insurgentes extranjeros, en particular uzbecos. Hoy está en marcha una ofensiva con 60.000 soldados desplegados, tanques y aviones, pero si Pakistán no logra contener el avance talibán, y cae en una guerra civil o en la anarquía, la violencia podría seguir extendiéndose en la volátil región.

Pakistán, con unos 165 millones de habitantes, es el sexto país más poblado del planeta, y el segundo país del mundo con mayor población musulmana. Sus fuerzas armadas llegan al millón de efectivos, lo que hace de Pakistán la séptima potencia militar del mundo.

Esta potencia atómica tiene, a menos de 100 kilómetros de su capital, a los islamistas más radicales. Los talibanes avanzan sin freno, y están decididos a derrocar al débil y desconcertado gobierno de Zardari, y desde el poder, imponer un régimen religioso, regido por la “sharia”, la aplicación ultraortodoxa de la letra del Corán, tal como lo hicieran en Afganistán. La principal diferencia con aquella experiencia, que desató un enfrentamiento que ya lleva ocho años, es que en este caso los talibanes –que conciben la guerra santa contra los infieles a escala internacional- serían una potencia nuclear con unas 80 cabezas atómicas. Si la misión fracasa, allí tendremos terroristas, campos de entrenamiento y un futuro peligroso e incierto.

El gobierno de Obama reconoció que no puede dar seguridad a Afganistán, en donde murieron 800 estadounidenses desde el 7 de octubre del 2001, con una frágil Pakistán. Los comandantes militares de Estados Unidos sostienen que los dos escenarios son parte de la misma guerra. Las probabilidades de encontrar una salida que no incluya la intensificación del uso de la fuerza –con el consiguiente aumento de bajas- parecen reducidas. No puede haber solución para la guerra de Afganistán si la crisis sobrepasa sus permeables fronteras, y tampoco hay una salida para la inestabilidad en Pakistán si Afganistán sigue siendo un incontrolable polvorín. El enemigo es uno, pero la guerra tiene dos escenarios

lunes, 12 de octubre de 2009

México está en guerra

La lucha que México libra hoy contra el narcotráfico es similar a la de Colombia una década atrás. Más allá de la discusión si existe o no una 'colombianización' en México, hay muchos paralelos alarmantes como el poder corruptor de una industria ilícita que genera hasta 40.000 millones de dólares anuales.


El poder de extorsión y secuestro, el alto nivel de sofisticación de las armas y la capacidad monetaria de los cárteles mexicanos son algunas de las similitudes con la guerra que enfrentó Colombia contra el narcotráfico a principios de esta década.

Los cárteles narcotraficantes cometieron 5.637 asesinatos en México en lo que va de año (un promedio de 20 por día), superando los 5.630 (15 por día) de todo 2008, publicó el diario El Universal.

A estas alturas del año pasado se habían registrado 3.581 homicidios, cifra que también era superior a la de todo 2007 (2.673), 2006 (2.221) y 2005 (1.537), según un recuento del diario mexicano.

El estado de Chihuahua, limítrofe con Estados Unidos, es el más afectado por los enfrentamientos de los cárteles entre sí y con las fuerzas de seguridad, con un total de 2.408 asesinatos desde enero pasado, precisió el periódico.

El reporte no ofrece un balance de la fronteriza Ciudad Juárez (Chihuahua), la localidad más violenta del país con al menos 1.810 asesinatos en lo que va de 2009, cantidad que rebasa los 1.652 de todo 2008, según un recuento de la agencia AFP basado en informes policiales diarios.

Los siguientes estados más afectados por el crimen organizado son Sinaloa con 628 ejecuciones, Durango con 593, Guerrero con 474, Baja California con 282 y Michoacán con 273, según El Universal.

Sinaloa es la base del cártel del mismo nombre dirigido por el prófugo Joaquín “el Chapo” Guzmán, que a la vez libra una guerra en Ciudad Juárez con la organización de los Carrillo Fuentes por el control del mercado local y el tráfico a Estados Unidos.

El gobierno mexicano, que ha desplegado a casi 50.000 militares contra los cárteles, no difunde recuentos periódicos de homicidios pero sí admite que se han registrado más de 14.000 desde la llegada al cargo del presidente Felipe Calderón en diciembre de 2006.

En México existen controles sobre las armas, y no se permite a los civiles poseer un arma de calibre mayor de .38, sin embargo los integrantes de los cárteles tienen armas semiautomáticas de asalto, granadas, balas capaces de perforar blindados, lanzagranadas y lanzacohetes, lo que ha dado lugar a una violencia sanguinaria, incluso con decapitados y descuartizados. El arma preferida por los narcotraficantes mexicanos solía ser las pistolas de calibre .38, pero ahora prefieran mas más potentes y de mayor calidad, como los fusiles de 7.26 x 39 mm y fusiles calibre .50, entre otras. Algunas de las armas incautadas incluyeron fusiles de asalto, pistolas semiautomáticas Herstal, fusiles de francotirador Barrett calibre .50, lanzagranadas, lanzacohetes lAW y granadas de fragmentación. Durante los primeros dos años del gobierno del presidente Calderón, las autoridades mexicanas han incautado 30,231 armas (16.401 de las cuales fueron de asalto), más de 3.5 millones de cartuchos y 2.196 granadas.

Los enfrentamientos armados entre fuerzas militares y los cárteles están ocurriendo cada vez más frecuentemente en las calles de las ciudades mexicanas, especialmente a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México. Los cárteles luchan entre sí abiertamente, disparando armas de uso militar en medio de gente inocente. Los cárteles mexicanos han originado una ola de secuestros, torturas y muertes horripilantes que han alarmado a las autoridades en ambos lados de la frontera.

“En un momento en que el gobierno mexicano ha enfrentado valientemente a los cárteles del narcotráfico que han asolado ambos lados de la frontera, es absolutamente crucial que Estados Unidos se una por completo como aliado para lidiar con este problema”, señaló el presidente estadounidense Barack Obama cuando visitó México en abril.

El gobierno de los Estados Unidos lleva adelante una estrategia masiva a través de la Iniciativa Mérida, entre varias dependencias de seguridad y defensa, para colaborar con México en sus esfuerzos para desmantelar los cárteles armados de narcotráfico que están causando un derramamiento de sangre alarmante.

El Congreso estadounidense ha asignado 700 millones de dólares para apoyar los esfuerzos de México en las áreas de seguridad y creación de instituciones bajo la Iniciativa Mérida, implementada en la anterior administración de la Casa Blanca. Estos fondos están destinados a mejorar el orden público, fomentando la prevención del crimen, consolidando las estructuras institucionales y el estado de derecho.

La Iniciativa Mérida comenzó tras un debate en una cumbre en marzo del 2007 cuyo anfitrión fue el presidente Calderón. Ha crecido hasta convertirse en una alianza entre los gobiernos de los Estados Unidos, México, Centroamérica, Haití y la República Dominicana para enfrentar la violencia de los cárteles nacionales y transnacionales, y de los grupos de crimen organizado y narcotráfico que ponen en jaque a toda la región y que se expanden hasta los Estados Unidos.

Se estima que se aprobarán fondos sustanciales para el 2010, y que habrá una petición de financiamiento continuo si se requiere en el 2011 para lograr la cantidad prometida de 1.4 mil millones de dólares. El Congreso estadounidense ha asignado también 165 millones de dólares en el año fiscal 2009, al igual que lo hizo en 2008, para el componente centroamericano de la Iniciativa Mérida.

El tema ha cobrado tal dimensión, que la lucha contra el narcotráfico se ha vuelto estratégica para que en esa región no se instalen narco-Estados como retaguardias de los cárteles mexicanos y colombianos, según alertó Joaquín Villalobos, ex guerrillero salvadoreño, y experto en temas de seguridad.

viernes, 9 de octubre de 2009

Estrategia para la guerra divide al gobierno de EEUU

La estrategia, y principalmente el envío de más tropas a Afganistán para enfrentar la nueva ola de violencia de los talibanes, tras un fuerte resurgimiento en los últimos meses, divide al gobierno del presidente estadounidense Barack Obama.


General Stanley McChrystal. Estados Unidos puede perder la guerra en Afganistán. Durante una reunión de tres horas en la Casa Blanca el pasado 30 de setiembre para evaluar los progresos realizados y los desafíos que quedan pendientes en Afganistán y Pakistán, se pusieron de manifiesto opiniones encontradas entre los miembros de la administración demócrata.



La secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el enviado especial para Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, apoyaron la posibilidad de incrementar el número de tropas, mientras que los militares y policías afganos se preparan para hacerse cargo de la defensa del país en el 2013.



Por su parte el secretario de la presidencia, Rahm Emanuel, y el general James Jones, asesor nacional de seguridad, se mostraron mucho más cautos en respaldar la propuesta. Por otra parte, el vicepresidente Joseph Biden es partidario de mantener sin cambios la cifra de soldados norteamericanos desplegados en esa nación centroasiática. Biden propone que se incremente la presión para acabar con los líderes talibanes que se esconden en la frontera afgana- pakistaní. El vicepresidente es partidario de una estrategia que se centra más en el uso de aviones no tripulados y de pequeños equipos de fuerzas de operaciones especiales para atacar a jefes de Al Qaeda y a los líderes de los talibanes.



Entre los participantes en la reunión se encontraban también el secretario de Defensa, Robert Gates, el jefe de Estado Mayor, el almirante Mike Mullen, y el director nacional de Inteligencia, Dennis Blair, además de embajadores claves y otros funcionarios de alto nivel. La reunión fue la continuación de la realizada el 13 de setiembre, y forma parte de los cinco encuentros planificados por Obama antes de tomar una decisión final respecto a la manera de seguir adelante en Afganistán y Pakistán.



El secretario de Defensa, Gates, es una voz crítica en estas reuniones y aún está indeciso sobre qué hacer. Trascendió que Gates no cree en un enfoque que dependería de un pequeño número de fuerzas especiales y el uso de naves no tripuladas para rastrear y matar a miembros de los grupos terroristas que operan en la zona, como propone el vicepresidente.



Un "enfoque antiterrorista", en lugar de un "enfoque de contrainsurgencia" está en debate en el seno del gobierno del presidente Obama.



Las fuerzas de Estados Unidos y las comandadas por la OTAN tratan de derrotar la insurgencia talibán, que intenta recuperar el control del país luego de haber sido desplazada por una coalición dirigida por Estados Unidos a fines de 2001. La campaña comenzó luego de los ataques terroristas del 9/11 contra Estados Unidos. El régimen Talibán había dado refugio y una base de operaciones al grupo terrorista transnacional de Al Qaeda, que parece haberse instalado en la remota y áspera cadena montañosa hindú Kush, que separa a Afganistán de Pakistán.



El comandante militar estadounidense en Afganistán, Stanley McChrystal, que participó desde Londres por videoconferencia en la reunión, solicitó más soldados para enfrentar el creciente resurgimiento talibán. El jefe militar, partidario de enviar a 40.000 militares más, fue indirectamente el disparador de los debates en el seno del gobierno de Obama.



El general McChrystal aseguraba que sin esos refuerzos Estados Unidos podría perder la guerra. "La situación en Afganistán es grave, pero se puede lograr el éxito, lo que exige revisar la estrategia de aplicación, el compromiso y la determinación, y una creciente unidad de esfuerzos", dijo el comandante McChrystal.



El general comanda a alrededor de 103.000 soldados en Afganistán, incluyendo a unos 63.000 efectivos de las fuerzas de Estados Unidos. Para fines de 2009 se estima que la cantidad de tropas de Estados Unidos llegará a 68.000 efectivos. Unos 30.000 soldados de Estados Unidos son parte de la fuerza de ISAF, de la OTAN, que tiene participantes de otras 42 naciones.



Durante una reunión en Alemania, realizada el pasado 25 de setiembre, McChrystal había ya realizado el pedido de más tropas, en base a su evaluación, al jefe de Estado Mayor Conjunto, almirante Mike Mullen, al comandante del Comando Central de Estados Unidos, general David Petraeus y al comandante aliado supremo, almirante James Staviridis. Mullen presentó el pedido al secretario de Defensa, Robert Gates y a partir de ese momento el debate comenzó a intensificarse.



"La situación es seria y elijo esta palabra con mucho, mucho cuidado", volvió a recordar el general McChrystal en un discurso pronunciado recientemente en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) en presencia del ministro británico de Defensa, Bob Ainsworth.



Mientras los líderes de Estados Unidos, la OTAN y Europa están todos revisando la evaluación hecha por McChrystal, el senador republicano John McCain, ex candidato de su partido en las elecciones del año pasado, advirtió que no sobra tiempo y Obama debe aprobar rápidamente el envío de más tropas.



"El tiempo es lo que no sobra, así que necesitamos tomar una decisión rápidamente. Creo que la historia deja muy claro que cuando los talibanes se hicieron cargo Afganistán se convirtió en una base para atentados contra Estados Unidos y nuestros aliados", sostuvo McCain.



El presidente estadounidense también se reunió en la Casa Blanca con el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, para consultas sobre Afganistán. Aunque Rasmussen no quiso comprometerse sobre un aumento de la participación europea en la misión, aseguró que los aliados permanecerán en Afganistán "todo el tiempo que sea necesario para el éxito".



"Obviamente hablamos sobre la misión más importante de la OTAN en este momento, que es Afganistán", dijo Obama junto con Rasmussen, en la Casa Blanca. "Y ambos acordamos que es absolutamente decisivo tener éxito en desmantelar, acabar y destrozar la red de Al Qaeda, y en que estamos trabajando efectivamente con el gobierno afgano para dar la seguridad que ese país necesita".



Obama y el nuevo secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, acordaron en su reunión del 29 de setiembre en la Casa Blanca que lo que es importante hacer en Afganistán es en primer lugar determinar el mejor enfoque estratégico, y luego obtener los recursos para prestarle apoyo.



Parte del problema, tanto para Estados Unidos como para los aliados europeos, es el descenso del apoyo a la guerra, a medida que ha ido en aumento la violencia en ese país musulmán.



Según una encuesta de la cadena CNN, el 58 por ciento de los estadounidenses se opone a esta campaña militar, mientras que el 39 por ciento la apoya. En lo que va de año, más de 376 soldados aliados han muerto en Afganistán.



Por el momento, Obama no va a tomar ninguna decisión sobre el envío de nuevas tropas a Afganistán, al menos hasta que mantenga nuevas reuniones con los principales colaboradores y asesores de la Casa Blanca. La pasada primavera ya ordenó el despliegue de 21.000 soldados más durante este año.



El presidente Obama volvió a convocar hace pocas horas al comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistán al avión presidencial, para examinar durante 25 minutos la marcha de la guerra en esa nación centroasiática. El general del ejército McChrystal y Obama se reunieron poco antes de que el mandatario regresara a Washington tras haber postulado en Copenhague la candidatura de Chicago para las Olimpíadas del 2006.



La presión sobre Obama creció abruptamente en los últimos meses como resultado del aumento de muertos de los ejércitos estadounidense y sus aliados de la OTAN, las crecientes pérdidas civiles y una elección supuestamente manchada de corrupción ganada por el actual presidente, Hamid Karzi, y por la filtración de un informe del general McChrystal advirtiendo que, sin más tropas de Estados Unidos, la guerra podría perderse efectivamente en un año.



El presidente también consultará con países aliados, con expertos civiles en seguridad nacional y con miembros del Congreso. Las consultas con el Congreso comenzarán cuando el asesor de Seguridad Nacional, general James Jones, presente un informe a todos los senadores de Estados Unidos



El 7 de octubre, Obama se volverá a reunir en la Casa Blanca con su equipo de seguridad nacional para conversar sobre Afganistán y Pakistán,



Las recientes cifras obtenidas en encuestas de opinión pública en Estados Unidos, que muestran una reducción en el apoyo a continuar las operaciones militares en Afganistán y la falta de resultados en el terreno, apremian a un presidente Obama que necesita darle a su país resultados positivos, mientras que la economía aún no se recupera, la reforma de la salud está trabada y Chicago se quedó sin la llama olímpica.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Las 574 páginas del informe Goldstone

El reciente informe de 574 páginas de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a cargo del juez sudafricano Richard Goldstone, sobre la guerra entre Israel y Hamas marca nuevamente la politización del organismo y su falta de parcialidad a la hora de analizar las denuncias que allí se radican.



La institución, es la heredera del Comité de Derechos Humanos, disuelto por su politización y su obsesión contra Israel bajo la influencia de los países árabes-musulmanes y sus aliados. “Tiene una larga historia de singularizar a Israel para condenarlo, ignorando a los reales abusadores de los derechos humanos por parte de los peores ofensores del mundo, muchos de los cuales dominan el Consejo de Derechos Humanos y sus antecesores. El Consejo adoptó más resoluciones y decisiones de condena a Israel que todos los demás 191 estados miembro de Naciones Unidas combinados (…) Cuanto más tiempo pasa el Consejo demonizando a Israel, es menos probable que se convierta en aquel que alguna vez condene el genocidio en Sudan, la esclavitud femenina en Arabia Saudita o la tortura en Egipto”, sostuvo la académica del Instituto Hudson, Anne Bayerfsky.

Durante ocho años, ignoró y no reaccionó a los 12.000 cohetes y morteros lanzados sobre los civiles en el territorio israelí desde el territorio palestino de Gaza. Esa escalada del grupo terrorista palestino Hamas, que además gobierna la Franja tras un golpe contra Fatah, culminó con el enfrentamiento abierto a fines de 2008. Fue la organización terrorista Hamas la que inició la guerra, cuando en su fundación proclamó que Israel no debería existir y habría que destruirla.

El informe Goldstone no es una excepción a las constantes campaña antiisraelíes que se realizaron desde el comité de la ONU, explicó Mary Robinson, la ex comisionada de Derechos Humanos, cuando rechazó la oferta de dirigir la misión, al igual que otros funcionarios. Para Robinson la misión “no estaba guiada por los derechos humanos, sino por la política”. Robinson, describió el mandato como "falto de equilibrio por centrarse en lo que hizo Israel, sin solicitar la investigación de los lanzamientos de cohetes por parte de Hamas".

La politización y la clara tendencia para acusar a Israel de todos los males llevó a países democráticos como Suiza, Canadá, Corea, Japón, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Países Bajos a negar su apoyo a la resolución en la comisión.

El informe determina que tanto Israel como Hamas cometieron delitos de guerra en la Franja de Gaza pero se centra, en especial, en las acciones israelíes, ignorando el derecho de legítima defensa de Israel. Como dijera el entonces candidato estadounidense Barack Obama cuando visitó Sderot, la ciudad más devastada por los ataques del grupo terrorista palestino, “la primera tarea de cualquier estado nacional es proteger a sus ciudadanos. Puedo asegurarles que si alguien lanzara misiles contra mi casa, donde mis dos hijas duermen por las noches, haría todo lo que esté a mi alcance para detenerlo. Y esperaría que los israelíes hicieran lo mismo”.

En el informe Goldstone, que recibió la critica del gobierno de Estados Unidos, se minimiza los misiles disparados, de manera deliberada, por Hamas hacia blancos civiles israelíes en el sur del país.

Pese a que Hamas admitió el uso de escudos humanos, no fue tomado como evidencia por la comisión. El informe cita la afirmación de uno de los líderes de Hamas, Fathi Hammad, quien se jactó de que “para el pueblo palestino, la muerte se convirtió en una industria, en la que las mujeres se destacan, como lo hace todos los habitantes que viven en esta tierra. Los mayores sobresalen, como también los jihadistas y los niños. Esta es la razón por la cual formaron escudos humanos con mujeres, niños, ancianos y jihadistas, a fin de desafiar la maquinaria sionista de bombardeo. Es como si le estuvieran diciendo al enemigo sionista: Deseamos morir tanto como ustedes desean vivir”.

También se ignoraron videos, que constituyen una evidencia fuerte, en los que se muestran a los terroristas palestinos disparando misiles en áreas civiles, incluyendo escuelas. Los terroristas de Hamas instalaron plataformas de lanzamiento y construcciones de almacenamiento en la proximidad de escuelas, mezquitas y guarderías. Colocaron minas y otros artefactos explosivos en barrios de la ciudad y utilizaron a niños palestinos como escudos humanos para ocultar a sus efectivos y pertrechos militares.

Pese a que los redactores del informe se propusieron deslegitimar el comportamiento israelí en la guerra, después de la operación en Gaza – entre diciembre 2008 a enero de 2009-, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), tras recibir quejas de diversas entidades y Organizaciones No Gubernamentales de su conducta, realizaron cinco investigaciones amplias, y además, otras 80 por más de 100 incidentes particulares. Hasta ahora se han abierto 23 casos para investigación criminal en la justicia israelí, por cierto en la única democracia sólida en una región que no se caracteriza precisamente por el respeto de los derechos humanos.

Toda confrontación militar tiene consecuencias dramáticas. Pero como dijo el hoy presidente Obama “la primera tarea de cualquier nación es proteger a sus ciudadanos”.

Pero el informe Goldstone establece algo peor, una equivalencia moral entre los instigadores de la violencia terrorista y los que estaban tratando de defenderse de ella. Qué podría suceder en el futuro si tomara en cuenta el informe Goldstone. Virtualmente el ejército israelí se vería en problemas por proteger a sus ciudadanos contra los ataques lanzados desde fuera. El mensaje para los terroristas es simple. El informe, los alienta de hecho a seguir atacando, ya que el Estado israelí sería condenado por defender y proteger a sus ciudadanos.

No se puede equiparar el derecho a la legítima defensa y las acciones terroristas contra civiles. Si a los Estados democráticos se les restringe el derecho a la autodefensa, se promueve entonces la agresión ilegal del atacante. El informe Goldstone legitima las actividades terroristas. El informe hace caso omiso del deber y el derecho a la defensa propia que atañe a cada Estado soberano, según están consagrados en la Carta de las Naciones Unidas.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Quieren matar al mensajero

La prensa en democracia es una de las primeras víctimas cuando los gobiernos son señalados por sus errores o promesas incumplidas. Cuando hablamos de víctimas en la prensa y los medios de comunicación, hablamos de periodistas y comunicadores que afrontan serios impedimentos para ejercer libremente su profesión. Si se censura a un medio de comunicación se está censurando a un periodista, pero lo más nocivo es que se deja a la sociedad sin información independiente. Entonces, sólo habla el oficialismo y el poder termina coartando los derechos de los que no comparten sus opiniones. De allí al autoritarismo hay sólo un paso. Se mata al mensajero, pero lo más grave es está matando a unos de los pilares de la democracia.

La libertad de prensa se basa en la libertad de opinión, en donde los periodistas y los medios de comunicación pueden expresar libremente todos sus pensamientos y emitir sin cortapisas las informaciones. Sin embargo, lamentablemente, hoy América Latina sufre una andanada contra la libertad de prensa. Son muchos ya los casos graves de censura directa e indirecta contra periodistas y medios de comunicación en la región. Este fenómeno no ocurría con tanta fuerza desde el pasado siglo, cuando las dictaduras en la región secuestraron las democracias y amordazaron a la prensa.

Algunos presidentes – paradójicamente autoproclamados progresistas- han adoptado hoy posiciones extremistas ante la divulgación de críticas a sus administraciones y ha lanzado duras ofensivas contra periodistas y medios de comunicación que no son genuflexos a sus intereses. Están cerrando medios, amenazan con cerrar a otros, implementan leyes mordazas, utilizan dineros públicos para crear sus propios medios a los que usan para su propaganda gubernamental, y desacreditan el trabajo de los periodistas en cada ocasión que la información no le es favorable. El mensajero es señalado como culpable de las malas gestiones de los líderes políticos.

La polarización política que los gobiernos están gestando con el ánimo de perpetuarse en el poder e imponer sus proyectos políticos, está creando un fuerte temor en la sociedad y una grave sensación de intolerancia al disenso. Ante las crecientes represalias, algunos periodistas –lamentablemente- han optado por autocensurarse para poder sobrevivir. Estamos llegando a una situación dramática. En algunos países de América Latina, se está violando el derecho que tenemos todos los ciudadanos para expresarnos con total libertad y sin temor a sufrir represalias, así como para recibir libremente la información.

Venezuela está en el primer lugar de la lista por el acoso a la libertad de prensa debido al cierre de estaciones de radio y televisión, además de persecuciones directas de organizaciones del gobierno contra medios y periodistas. Las relaciones del presidente Hugo Chávez con los medios ha sido borrascosa desde que llegó al poder. En 2005 impulsó una ley que restringía la libertad de expresión, en 2007 le quitó la licencia a la RCTV y este año el régimen ha ordenado el cierre de 32 emisoras de radio. Otras 200 podrían correr la misma suerte si se demuestran irregularidades administrativas en su gestión. El presidente tiene también en la mira ahora a Globovisión, que ya ha sido víctima de ataques de los grupos chavistas.
"Me preocupa profundamente la disminución del número de medios de expresión a través de los cuales los ciudadanos pueden ejercer su derecho a recibir información procedente de diversas fuentes", sostuvo el hasta hace poco director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia, la Cultura y las Comunicaciones (UNESCO), el japonés Koichiro Matsuura.

"El pueblo venezolano tiene derecho a recibir informaciones y análisis de los eventos que le atañen, desde diferentes puntos de vista", añadió sobre la polémica decisión del presidente Chávez, que afecta a numerosos medios de comunicación, "por presuntas violaciones de la legislación sobre telecomunicaciones vigente en el país". Sin embargo, el presidente Chávez no tiene la intención de atender la preocupación de la Unesco, ni de otras organizaciones vinculadas a los medios de comunicación y a los profesionales que en ellos trabajan.

Nicaragua es otro país que hace gala de la intolerancia hacia la prensa libre. El presidente Daniel Ortega, y su influyente esposa Rosario Murillo, tienden a la descalificación de los medios informativos acusándolos de estar “financiados por la CIA”. El ex guerrillero Ortega asumió el gobierno de Nicaragua por segunda vez, en enero de 2007, y puso al frente de la oficina de Comunicación de la Presidencia a su esposa, quien diseñó una estrategia que dividió a los medios entre "puros" y "al servicio del pueblo" y "contaminados" y "al servicio de la oligarquía".

En Managua, los periodistas críticos a la gestión del gobierno de Ortega han tenido que enfrentarse a persecuciones por parte de los tribunales de justicia y a ataques a su reputación dirigidos por órganos del Estado
En Argentina, un proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ha despertado encendidas discusiones políticas porque "introduciría cláusulas contrarias a la libertad de prensa". Si bien existe consenso de que se necesita una nueva ley para regular temas de concentración de medios y buscar mayor pluralidad y diversidad, la queja radica en que el gobierno que encabeza Cristina Kirchner la estaría utilizando para castigar a medios independientes que considera opositores.
Más de dos centenares de inspectores participaron recientemente de un gran operativo fiscal en empresas y casas particulares de directivos de Clarín, que el mayor grupo multimedia de Argentina, crítico de la política gubernamental. El operativo tuvo claramente un objetivo, que es el de intimidarnos y amenazar, de manera virtual, nuestra libertad de expresión, denunció Ricardo Kirschbaum, editor General de Clarín a la prensa. El proyecto ya tiene media sanción con el voto de los legisladores del gobierno y ahora será analizado en el Senado.

En Ecuador, en el marco de un clima adverso para la prensa generado desde el gobierno central, se está iniciando el debate de varios proyectos para una ley de comunicación que pudiera estar entrometiéndose o influyendo negativamente en el contenido o el criterio editorial de los medios.

También en Ecuador, existe preocupación en torno a declaraciones del presidente Rafael Correa, quien amenazó con clausurar la televisora Teleamazonas por haber difundido un audio que una tercera persona grabó clandestinamente en el despacho de la presidencia sobre la reforma constitucional. En Quito, "con insultos e intimidación", se realizó recientemente una manifestación frente al diario en Guayaquil, para protestar por el contenido de una investigación periodística que, a partir de datos oficiales, denunció la morosidad en el pago de créditos estatales para microempresarios.
“Apaguemos el televisor y tengamos la mente limpia. No es necesario leer periódicos”, sentenció el presidente Correa. El gobierno de Correa incautó en 2008 unas 195 empresas del Grupo Isaías, entre ellas los medios TC Televisión y Gamavisión.

En Bolivia un grupo de policías disparó a un vehículo en donde viajaban un periodista y un cámara de la red de televisión Unitel, cuando grababan la detención de un hacendado en Santa Cruz. La Policía Nacional boliviana reconoció las agresiones y excesos. Organizaciones vinculadas al sector han denunciado al menos 90 agresiones contra periodistas.
En Honduras, donde se siguen reportando restricciones a la libertad de prensa desde el golpe de estado del 28 de junio, fue incendiado un transmisor de Radio América en la ciudad de Olanchito, departamento de Yoro, la tercera agresión en contra de esa emisora. También, desconocidos atentaron contra los transmisores de Radio Globo en Tegucigalpa y de la estación de Canal 11 en el departamento de Morazán.

En Cuba no se respeta, entre otras muchas violaciones, el derecho a la libertad de prensa y 26 periodistas independientes permanecen presos, además de tres centenares de presos políticos encarcelados, por los “graves” delitos de disentir de la opinión de los gobernantes.
Más de 340 periodistas fueron asesinados en la región en los últimos 20 años, mientras que el 90 por ciento de esos crímenes no recibieron castigo, según denunció la Federación Internacional de Periodistas. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) denunció "impunidad" en la violencia contra los periodistas, y contabilizó al menos 15 asesinatos de profesionales de la prensa en lo que va de 2009, siete de ellos registrados en México.
Además de algunos regímenes políticos, el narcotráfico y los grupos insurgentes en México, Guatemala, Honduras, Perú y Colombia, entre otros países, son enemigos declarados de la libertad de prensa.
Amenazas, clausuras, cierre de medios, confiscación de materiales de trabajo, detenciones, secuestros y asesinatos de periodistas, son hoy habituales en pleno siglo XXI.

Los que tienen cosas que esconder. Los que saben que la libertad de prensa sustenta la democracia real y vigila el estado de derecho, son los que quieren matar al mensajero en América Latina.
Es muy importante que los periodistas y los medios mantengan su ética, su independencia y que defiendan la información pública, porque cuando se cae en el juego de hacer política, se cae en la manipulación, y las sociedades son las grandes perjudicas.
Con democracia hay libertad de expresión y con libertad de expresión hay democracia. La defensa de de ambas deber ser irrestricta. Hoy son tiempos peligrosos para los periodistas.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La paz económica entre israelíes y palestinos

Cuando uno analiza el conflicto entre palestinos e israelíes, podría suponer que las diferencias políticas impiden y hacen imposible las relaciones y el diálogo. Se tiende a ver sólo los choques armados o las duras declaraciones. Sin embargo, contrariamente a lo que se podría creer, existe una paz económica que facilita -discretamente- la confianza, las relaciones políticas y los eventuales acuerdos.
Hoy el intercambio comercial entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) e Israel aumenta, pese al enfrentamiento político por la construcción de asentamientos israelíes en Jerusalén y Cisjordania.
El comercio entre Israel y la ANP creció 17 por ciento en 2008, llegando a 3.900 millones de dólares.
Durante el 2007, alcanzó los 3.160 millones de dólares. Ese año las exportaciones israelíes hacia la ANP aumentaron en un 14 por ciento, lo que significó 2.600 millones de dólares, mientras que las importaciones israelíes subieron un 41 por ciento, y se ubicaron en los 560 millones de dólares.
En 2006 el intercambio israelo-palestino alcanzó 3.000 millones.Las importaciones y exportaciones palestinas a través de puertos israelíes aumentaron cinco por ciento, llegando el año pasado a 1.200 millones de dólares, una cifra superior a la de años anteriores. Un informe del Centro Peres para la Paz, con sede en Tel Aviv, revela que el 90 por ciento de las exportaciones palestinas van a Israel, y representan 65 por ciento del producto interno bruto (PIB) palestino.Se espera que los intercambios comerciales aumenten el próximo año a alrededor de 5.300 millones de dólares, según pronostican los operadores de la conflictiva región.
Hoy empresas israelíes reúnen a empleados residentes en Israel y en los territorios palestinos, y trabajan juntos por visioconferencia o mensajería instantánea, superando de este modo las medidas de seguridad que hacen difíciles los viajes de una oficina a la otra en esa convulsionada región. Aunque ciertos acontecimientos políticos pueden crear divergencias, es perfectamente posible discutir inteligentemente.
Todo el mundo tiene un papel que cumplir para alcanzar la paz, ya que todo el mundo tiene un papel que jugar para lograr prosperidad económica, sostiene Ofir Gendelman, director de la Cámara Israelí-Palestina de Comercio e Industria. Murad Tahboub, director de recursos humanos en Asal Technology de la palestina Ramallah –una de las firmas que apuesta a esta relación- afirma que “contratar a palestinos, es investir en pos de la paz”. Para Shraga Brosh, Director de la Federación para la Organización Económica Israelí, ambas economías son complementarias, es por eso que la cooperación que se desarrolla hoy, no se limita solamente a las industrias tradicionales sino que también incursiona en el sector de las nuevas las tecnologías. De este modo, los territorios palestinos representan un nuevo mercado más que interesante para Israel, mientras que el Estado hebreo y sus avances tecnológicos pueden contribuir al desarrollo de los territorios palestinos, que tienen un PIB por habitante notoriamente bajo que el de Israel.Según el Banco Mundial, la economía palestina es una de las que más depende del envío de remesas desde el exterior. Los habitantes palestinos, per cápita, son unos de los que más dinero obtiene en el mundo. Desde 1993, ha recibido más de 10.000 millones de dólares para su funcionamiento. Es esencial para los palestinos desarrollar el comercio con sus vecinos israelíes, si quieren salir del complejo círculo de la caridad de la comunidad internacional, para construir instituciones sólidas en sus territorios y desarrollar su sociedad en forma democrática.
Este mes se reunieron en Jerusalén, durante tres horas, el ministro de economía palestino Bassem Khoury y el viceprimer ministro israelí Silvan Shalom, en el marco del Comité Económico Conjunto Israelí-Palestino. Este encuentro se inscribe en el concepto de paz económica, concebido por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu antes de las elecciones de febrero, como fórmula de reconciliación con los palestinos.
Khoury y Shalom, se conocen personalmente por un panel en el que ambos participaron tiempo atrás sobre desarrollo regional y paz, organizado por el Centro Peres.Entre los asuntos abordados por ambos funcionarios estuvo la concesión de visas israelíes a empresarios e inversores palestinos, la importación de mayores cantidades de carne y productos lácteos a Cisjordania y Jerusalén oriental, el incremento en la cantidad de palestinos que podrán recibir atención médica en Israel y la creación de parques industriales conjuntos que beneficien por igual a ambas partes, entre otras iniciativas.Tras el encuentro, ambas partes decidieron que las reuniones serán mensuales. Se crearon también subcomités de turismo, industria, agricultura y salud.
Los acuerdos en la región no son nuevos. Tras la implementación del tratado de paz israelo-jordano quedó establecida con la firma y ratificación acuerdos bilaterales en las esferas económica, científica y cultural. Estos tratados sirven de base para relaciones pacíficas entre Israel y el Reino Hachemita de Jordania. La expresión más significativa de estas relaciones pacíficas son las “Zonas Industriales Calificadas”, que le permiten a Jordania, por medio de su cooperación con Israel, exportar a Estados Unidos mercaderías libres de cuotas y de tarifas por valor de más de mil millones de dólares. Israel coopera además con Jordania en dos proyectos agrícolas y en salud pública. Israel mantiene también hoy relaciones comerciales con Egipto y con otros países árabes moderados, más allá de las diferencias que aún persisten en la región.
El círculo virtuoso de la economía, juega sin duda un importante papel para propiciar acuerdos políticos que desemboquen en una solución definitiva a viejos conflictos.
Las economías israelo-palestina siempre han estado fuertemente conectadas, en especial después de las firma de los acuerdos de Oslo. Una paz económica no impide el diálogo político, sino que ayuda a impulsarlo. Los israelíes y los palestinos están condenados a vivir juntos, uno a lado del otro. Tienen una sola opción: trabajar juntos por su futuro. La paz económica es una buena señal, a la que se debe apostar.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Los trágicos costos del 9/11

El 11 de setiembre del 2001, Estados Unidos sufrió un trágico ataque terrorista que causó la muerte de tres mil personas. Hace ocho años, el fatídico suceso causó drásticos cambios en varios aspectos de la vida de los estadounidenses, pero también en el resto del mundo. La seguridad y el combate al terrorismo pasaron a los primeros lugares de las agendas domésticas y mundiales. Las imágenes de los atentados contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York, el Pentágono en Washington, y la caída de uno de los cuatro aviones en Pennsylvania cuando se dirigía a Washington, quedaron guardadas en las retinas de todos.

Ocho años después las consecuencias del ataque terrorista, que se autoadjudicó Osama bin Laden y su grupo islamista Al Qaeda, siguen dominando la política estadounidense. En respuesta a los atentados del 11 de setiembre, comenzó la guerra global contra el terror en Afganistán. El 13 de noviembre de 2001, Kabul fue tomada por Washington y sus aliados, y el gobierno quedó en manos de la OTAN y la Alianza del Norte para combatir así a los talibanes. Desde entonces Al Qaeda y el mundo talibán se han reorganizado y siguen atacando. Ocho años después, Bin Laden sigue sin ser capturado, los atentados se suceden en todo el mundo y la guerra continúa. Según distintos informes, se han gastado desde 2001 hasta la fecha más de 160.000 millones de dólares en el combate contra los fundamentalistas talibanes. Y hoy muchos tienen la impresión de haber sido “traicionados” por el presidente Barack Obama, que reforzó su presencia militar en Afganistán. Según una encuesta reciente, seis de cada diez estadounidenses se oponen a una guerra en la que en tan sólo en lo que va de 2009 han muerto 184 norteamericanos, con el riesgo de empantanarse en un escenario al estilo vietnamita. A fines de año, se calcula que habrá unos 68.000 soldados en Afganistán, 21.000 de los cuales fueron ordenados por Obama, una opción que sólo aprueba el 24% de los estadounidenses.
Por otra parte, se suman unos 64.500 efectivos de 42 países conforman la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) de la OTAN, aunque su presencia no ha logrado hasta ahora derrotar a los talibanes y sus aliados de la red Al Qaeda.
Si bien el presidente Obama, que heredó los conflictos en Afganistán e Irak y las responsabilidad de de capturar al jefe terrorista saudita, debe lidiar con los costos de estas misiones, la sociedad estadounidense carga con otros costes nada menores.
Desde el 11 de setiembre han muerto centenares de personas que fueron rescatadas aquél fatídico día. De ellos, 817 han perdido la vida por causas relacionadas con los atentados. 270 de esos héroes, como los califica la población en general, han perdido la vida a causa del cáncer. Otros 33 se han suicidado, incapaces de superar el trauma de aquél atentado.
Otros 149 víctimas del atentado han sufrido muertes traumáticas, accidentes de tráfico, murieron en incendios, en asaltos, incluyendo 27 personas que perdieron la vida trabajando. Otros 12 han caído en las guerras de Irak y Afganistán.
Pero la principal causa de esas muertes está en la salud, que explica 479 de las 817 muertes. Recientemente, el cáncer se llevó la vida del bombero John McNamara, de 44 años, y que participó en las labores de rescate, junto con otras 50.000 personas que se volcaron a ayudar a las víctimas. McNamara es una víctima más de aquél día, indicó el New York Times.
Según un estudio de los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades en Atlanta, cuyos resultados se publican en la revista Journal of the American Medical Association, los trabajadores ocupados en el rescate, los residentes y trabajadores de oficinas de la zona del World Trade Center en Nueva York informan de nuevos diagnósticos de asma o estrés postraumático después del ataque terrorista.
Los expertos, dirigidos por Robert M. Brackbill, examinaron la incidencia de dos de los principales problemas de salud que sufrieron estas personas: el asma y los síntomas de estrés postraumático indicativos de un posible trastorno de estrés postraumático (TEPT) después del ataque a las torres gemelas en setiembre de 2001.
Los investigadores señalan que si se aplican los resultados del seguimiento a las aproximadamente 409.000 personas expuestas, se estima que aproximadamente 25.500 adultos han sufrido asma después de los atentados y 61.000 han padecido síntomas indicativos de posible TEPT.
Según concluyen los autores, estos descubrimientos confirman que tras un ataque terrorista los trastornos de salud mental pueden persistir si no se identifican y tratan adecuadamente y que un número importante de personas expuestas pueden desarrollar síntomas de inicio tardío.
Ocho años después de los ataques terroristas de 2001, Estados Unidos no ha logrado superar esa tragedia. Sus consecuencias locales y mundiales son una herida que no ha cerrado y que nadie puede olvidar.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Un verano calienta para Obama

Después del triunfo del presidente Barack Obama, la mayor parte de los estadounidenses pensaban que el nuevo jefe de la Casa Blanca compensaría su falta de experiencia de gobierno con su capacidad comunicacional para lograr el cambio bajo su lema sí se puede, como lo había hecho durante la campaña. Pero, como presidente, su habilidad para vender sus políticas más importantes – particularmente la reforma al sistema de salud, tema central de su agenda doméstica – ha resultado mucho más débil de lo esperado. Las encuestas así lo indican. El Obama de la campaña electoral, se dio de lleno con la dura realidad.

Los números del presidente no son buenos. La reforma de la salud, la economía y dos guerras lo agobian. La alarma se encendió en el salón oval cuando las críticas llegan también desde sus filas, de sus más fieles e incondicionales votantes demócratas: los afroamericanos y los jóvenes.Según el sondeo de Zogby Internacional, su popularidad entre los miembros del partido bajó del 88 por ciento que registraba en julio al 75 por ciento en la más reciente muestra de agosto. En los jóvenes de 18 a 29 años el desplome fue aún más grave. De 59 por ciento pasó al 41 por ciento. En el caso de los afroamericanos, bajó del 83 por ciento al 74 por ciento. Incluso acumuló la desaprobación del 53 por ciento de los independientes, en comparación con un 43 por ciento que dieron calificaciones positivas a su trabajo en la Casa Blanca.
De acuerdo con la muestra, el 48 por ciento de la población desaprueba su gestión, que aún no cumplió su primer año. Los números son muy alarmantes, si se tiene en cuenta que Obama alcanzó a registrar casi un 70 por ciento de popularidad en sus primeros días como presidente.
Las cifras son, también, muy negativas si se compara con presidentes anteriores. Ninguno entre los 12 presidentes, en los últimos 70 años, había registrado un nivel tan bajo a estas alturas de su mandato. Bush (51 por ciento), Bush padre (70 por ciento), Reagan (52 por ciento), Carter (54 por ciento), Ford (50 por ciento), Nixon (58 por ciento), Johnson (70 por ciento), Kennedy (76 por ciento), Eisenhower (60 por ciento) y Truman (82 por ciento).
La excepción es Bill Clinton, que llegó a tener un 37 por ciento a cinco meses de asumir, pero luego repuntó en agosto con un 44 por ciento.
La caída del presidente en los sondeos se puede atribuir a la situación económica y a las guerras inconclusas y, particularmente, a la reforma a la salud que tiene divida a los legisladores y votantes demócratas.
Si Obama no logra aprobar una reforma que complazca a su base, el Partido Demócrata se arriesga a perder a los jóvenes que pueden sentirse defraudados con el estilo de política que, el entonces senador y candidato, prometió en campaña electoral combatir. Muchos están cada vez más desencantados con el hombre que prometió traer el cambio a Washington. “En una campaña se puede generar mucho entusiasmo porque uno no tiene que descender de las exaltadas generalidades. Pero cuando se trata de articular políticas reales en el poder, no hay dónde esconderse. Somos muchos los que estamos muy desilusionados con lo que vemos”, explicó Jane Hamsher, una líder entre los bloggers del progresismo estadounidense.
Los demócratas podrían perder por lo menos 20 escaños en las elecciones parlamentarias del año próximo si el presidente no logra reagrupar a sus legisladores y seguidores, ya que muchos votantes del ala progresista desilusionados podrían no concurrir a las urnas si Obama no cumple sus anuncios de campaña.
La reforma a la salud, que fue una de las grandes promesas de Obama durante la campaña, ha caído en medio de la oposición republicana y el lobby de las empresas aseguradoras, que la rechazan por contemplar la llamada opción pública. Esta opción convertiría al Estado en una aseguradora que competiría con la industria privada y, en teoría, reducirías los costos de la salud para millones.
Pese a su elocuencia, el presidente estadounidense no logra concitar el entusiasmo de la opinión pública en uno de los temas más importantes de su agenda política, y algunos aliados ya le están advirtiendo que un manejo inadecuado de este debate podría llegar a empañar el resto de su período de gobierno.
Las encuestas obligaron al presidente a tomar una decisión pragmática y a rebajar su promesa electoral sobre la reforma del sistema de salud. Obama trata de evitar el error de Clinton, quien envió un proyecto cerrado al Capitolio sobre una base de todo o nada. Por eso, el presidente articuló unos pocos principios y dejó los detalles en manos de los legisladores demócratas la reforma de salud, para que se negocie en el Congreso con los republicanos. Sin embargo, allegados a Obama creen que ha cedido demasiada influencia al Congreso.
Obama podría lograr este año, tras un duro debate en el Capitolio, que se apruebe una ley de salud, aunque recortada y más modesta de la prometida, pero de todos modos alcanzaría una vital victoria parcial.
Cuando el Congreso reasuma funciones este 8 de setiembre, la prioridad en la agenda doméstica será retomar las discusiones sobre cinco proyectos legislativos presentadas hasta ahora, uno de la cuales incluye la propuesta de una opción de seguro médico público.
Según un sondeo de la CNN, sólo el 44 por ciento de los estadounidenses aprueba cómo Obama condujo el debate sobre la reforma sanitaria, mientras el 53 por ciento tiene una opinión negativa al respecto.
Una encuesta aparecida en The Washington Post indica que ahora sólo 49 por ciento de los estadounidenses confían en que Obama siempre hará lo correcto, comparado con 60 por ciento en abril. Otras muestran que actualmente una estrecha mayoría de norteamericanos se opone a la reforma de la salud.
Hoy la agenda de la Casa Blanca es compleja y no alcanza con la dotes de comunicador de Obama. Un grave error podría conducir al desencanto. The New York Times, que lo apoyó decididamente, afirmaba tras su victoria: No es tiempo para los laureles; ahora viene la parte dura.
Atrás quedaron las mediáticas promesas electorales. El presidente Obama está descubriendo lo que es gobernar. De sus pragmáticas decisiones de largo aliento y no de sus efímeros discursos, dependerá el futuro electoral de los demócratas.

domingo, 23 de agosto de 2009

La luna de miel con Obama llega a su fin

José Luis Martínez

La luna de miel del presidente estadounidense Barack Obama parece que está llegando a su fin. Preocupados por el futuro de la reforma del sistema de salud y ansiosos por el aumento del déficit fiscal, los estadounidenses están perdiendo la fe en inquilino demócrata de la sala oval de la Casa Blanca.

La confianza de los estadounidenses en el presidente, Barack Obama, se ubicó por abajo de 50 por ciento, en un período marcado por la controversia sobre el proyecto de reforma al sistema de salud, según un sondeo publicado por el Washington Post y ABC News. La oposición, y parte de su propio partido, tienen dudas sobre el impacto económico que puede tener dicho programa, sobre todo, señalan los detractores, ante el marco de crisis financiera mundial.
El principal responsable de esta espectacular caída del presidente ha sido campaña que lleva adelante el Partido Republicano y los poderosos grupos de interés que orbitan en torno a las compañías farmacéuticas y las aseguradoras, un frente que ya había prometido hacer de la iniciativa de reforma sanitaria, el talón de Aquiles de Obama. “Nunca ha sido fácil hacer que este país avance, siempre hay quienes se oponen y quienes utilizan el temor para bloquear el cambio”, sostiene Obama, quien busca extender el seguro médico a los 50 millones estadounidenses sin cobertura, de los 300 millones de habitantes, y poner tope a los poderes de la industria de la medicina en el país.
En los últimos día Obama debió bajar dejó entrever que podría rebajar el contenido de la reforma, con la finalidad de lograr el apoyo de la mayoría de los demócratas y republicanos.
Las declaraciones de Obama amenazan con desincentivar a las bases progresistas que lo llevaron al poder en noviembre pasado, entre los cuales esta el demócrata Howard Dean, ex presidente del partido y médico de profesión, quien opinan que la ausencia de un rol del Estado en el sistema de salud vaciaría de contenido la reforma
Si los demócratas deciden debilitar o retirar la “opción pública” de la reforma de la salud, los votantes progresistas se quedarían en casa en los comicios legislativos del próximo año, como ocurrió cuando el gobierno del presidente Bill Clinton fracasó con su reforma sanitaria.
En los primeros cien días de gestión, que comenzó el 20 de enero, 60 norteamericanos cada 100 pensaban que el demócrata Obama adoptaba las decisiones correctas para el país, pero ahora son 49 de cada 100, según la encuesta.Asimismo, la investigación refleja que 55 por ciento de los consultados piensan que la situación del país es mala, contra 48 por ciento de abril.En cambio, hay más optimismo respecto de la evolución de la recesión: la mitad de los encuestados espera que concluya a fin de año, cuando en febrero eran solo 28 por ciento.
El sondeo nacional fue realizado del 13 al 17 de agosto y tiene un margen de error de 3 puntos porcentuales.
Por otra parte la imagen de Obama cayó un poco más entre los norteamericanos, según una encuesta difundida este mes por el Pew Research Center.
Un 90 por ciento de los consultados por el Pew Research Center consideró que la economía estadounidense sigue estando en malas condiciones, y mientras permanecen las preocupaciones por la recesión, una mayoría dijo considerar que el gobierno y la oposición no están haciendo lo suficiente para remontar la situación que vive el país.
Los estadounidenses, dijo el Pew Research Center, están “cada vez más amargados” y una “creciente proporción de ellos”, actualmente el 63 por ciento, consideró que “el presidente y los republicanos no están trabajando juntos para enfrentar los asuntos importantes”.
Aunque los norteamericanos siguen considerado a la oposición republicana la principal culpable de esta situación (un 29 por ciento), cada vez más estadounidenses empiezan a apuntar contra el presidente.
Según el Pew Research Center, un 17 por ciento cree que la “culpa” de la actual delicada situación del país es de Obama, contra un 12 por ciento que opinaba lo mismo en junio último.
La “luna de miel” con los votantes estadounidenses también parece haber terminado para el partido demócrata, que logró un histórico triunfo en los comicios de noviembre del 2008.
La encuesta del Pew Research Center indicó que solamente un 49 por ciento de los norteamericanos tiene una opinión favorable de los demócratas, contra el 59 por ciento de abril último.
Pero no todas son malas noticias para la Casa Blanca. Un sondeo del Marist Institute for Public Opinion halló que, si se realizarán hoy nuevas elecciones, un 56 por ciento votaría por Obama y solamente un 33 por ciento por Sarah Palin, la figura más popular de los republicanos en estos momentos.
Obama incluso lograría la mayoría de los votos republicanos en una hipotética carrera frente a Palin (el 73 por ciento) y, obviamente, arrasaría entre los demócratas, con un 92 por ciento de esos votos.
Entre otros sondeos, la gestión de Obama ostenta un 51por ciento positivo y un 40 por ciento según el estudio encargado por la cadena televisiva NBC News y 52 por ciento/42 por ciento para la encuestadora Gallup.
Fox News mostró un 53 por ciento/40 por ciento y Rasmussen colocó el índice positivo de Obama por debajo del negativo, con un 49 por ciento/50 por ciento.
La encuesta del Pew Research Center consultó a 2.010 estadounidenses mayores de 18 años entre el 11 y el 17 de agosto, mientras que el estudio del Marist Poll se preparó sobre consultas a 938 estadounidenses entre el 3 y el 6 de este mes.
La célebre frase de James Carville, asesor del demócrata Bill Clinton en la exitosa campaña que en 1992 le impulsó desde su modesto sillón de gobernador de Arkansas hasta la Casa Blanca, “¡Es la economía, estúpido!”, aterriza en el debate político estadounidense y se refleja en los sondeos.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Los escenarios posibles de la situación de Israel y sus vecinos y su impacto en nuestra región

Por José Luis Martínez

Seguramente muchos creían que América Latina, alejada por miles de kilómetros y decenas de horas de vuelo de la situación conflictiva de Medio Oriente, era inmune a las repercusiones de las diferentes disputas políticas y militares que allí convergen.

Pero sin duda, los atentados antiisraelíes que sacudieron a la vecina Buenos Aires, hicieron reflexionar a los más optimistas. Ese fue un terrible punto de inflexión que nos acercó a todos, mucho más, al conflicto en Medio Oriente. Fue un macabro llamado de atención para la idiosincrasia rioplatense, ajena mayoritariamente a los lejanos conflictos internacionales.

La vecina Argentina, cruzando el Río de la Plata, fue objeto de atentados terroristas atiisraelíes reivindicados por grupos fundamentalistas islámicos, con la complicidad del régimen de Irán, según las denuncias. Todas las investigaciones apuntan en esa línea.

Una especial relevancia adquirió el atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, en marzo de 1992, que dejó decenas de muertos y heridos, precedida por una acción similar contra la Embajada israelí en Turquía.
La masacre, aún impune tras 15 años, realizada en julio de 1994 contra la Asociación de Mutual Israelita Argentina (AMIA), con características similares al anterior ataque terrorista, se daba en un contexto muy particular caracterizado por el desarrollo del proceso de paz del Medio Oriente.

El terrorismo tiene lógica y sus acciones no se llevan adelante por azar o casualidad. Los terroristas no son solamente mesiánicos y la vanguardia de su supuestas iluminadas ideologías. Son grupos bien preparados, intelectualmente y materialmente, para crear terror y paralizar a las sociedades.

Cuando se intenta avanzar en el camino hacia la paz, el terrorismo mueve sus fichas en el tablero local, regional o global, como forma de frenarlo.
¿Qué busca? Con los ataques se espera la reacción de la otra parte, algo que por cierto, algunas veces sucede como acto reflejo y de defensa. Las consecuencias son claras. El proceso de negociación se estanca y sale del foco de atención la paz, obstaculizando y retrasando la búsqueda de los acuerdos.
La moderación pierde y la intransigencia gana. El diálogo y la paz quedan en entredicho.

Ambos atentados perpetrados en Buenos Aires fueron reivindicados por movimientos islámicos pro iraníes pertenecientes a Hezbolá. Las investigaciones han revelado que terroristas chiítas, probablemente asistidos por la Embajada de Irán en Buenos Aires y con la ayuda de mercenarios locales, fueron responsables de los atentados contra los objetivos israelíes y judíos.

Si bien los hechos conmocionaron a todos, desde hacía tiempo se venía denunciando que en las fronteras de Brasil, Paraguay y Argentina, estaban dadas las condiciones para que operaran desde allí células de grupos terroristas, especialmente como soporte financiera para sus acciones en Medio Oriente. Para nadie es ajeno que la llamada Triple Frontera es un centro de gran envergadura en el tráfico de armas, lavado de dinero, contrabando, narcotráfico, entre otros hechos delictivos.

La organización terrorista libanesa Hezbolá es el grupo más prominente en América Latina, según informes de varios países. La mayor parte de sus actividades parecen ser la recolección de fondos, pero hay indicios de una presencia operacional y de potencial real para ataques. Los grupos extremistas y fanáticos no escatiman recursos materiales, alianzas y formas de operar al momento de avanzar en sus violentos planes.

El terrorismo no es un tema del Medio Oriente. El terrorismo es un flagelo global mucho más cercano de lo que todos quieren creer, o de lo que necesitamos creer para sentirnos seguros y sin demasiados compromisos, con los que lo padecen todos los días.

Hoy no hay países inmunes al terrorismo. Se ha instalado en todos los continentes y es necesario prevenirlo y combatirlo de diversas formas.
En la región había una escasa comprensión sobre el fenómeno. Los gobiernos sudamericanos no estaban preparados para abordar el problema del terrorismo fundamentalista, en gran medida por el desconocimiento del problema. Pero también porque pensaban que estaban a salvo por su supuesta lejanía del conflicto del Medio Oriente.

La globalización nos ha acercado, nos ha hecho avanza y progresar, pero también ha sido utilizada por los terroristas. Los enemigos de la democracia y la paz, lo tienen muy claro, y también saben usar esa globalización.
Esta confrontación es una guerra que va a durar décadas. Y no hablo sólo del aspecto militar, habló también de la información y la educación, entre otras herramientas fundamentales para frenar esa verdadera cultura de la muerte que intentan instalar.

Pero si todos coincidimos en que la consumación de los atentados terroristas es un flagelo, mucho más lo es la sustentación ideológica y cobertura que algunos líderes políticos de la región le dan a estos grupos fundamentalistas islámicos.

El presidente venezolano Hugo Chávez no ha ocultado en ningún momento su simpatía y apoyo a grupos terroristas de Medio Oriente, profundizado su alianza con el gobierno antisemita de Irán que ha desembarcado, y para quedarse, en América Latina.
El mediático mandatario izquierdista le ha abierto la puerta de América Latina al régimen teocrático, alimentando paralelamente con sus estridentes discursos la propaganda racista a través de medios de comunicación con patrocinio estatal.

La increíble alianza estratégica entre la izquierda radical latinoamericana y el fundamentalismo islámico del gran Medio Oriente, se ha consumado con la bendición de los gobiernos de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.
En la década del 60 La Habana fue la puerta de entrada de la revolución soviética, hoy Caracas es la puerta de entrada del fundamentalismo islamista. La inusual alianza entre Marx y Alá se ha consolidado y su intención es avanzar al ritmo del precio del petróleo.

No es casual entonces el aumento de los ataques contra la comunidad judía en medios de comunicación que responden a estos gobiernos. Los histéricos discursos en actos públicos, e incluso las agresiones físicas o a atentados contra instituciones, vienen de la mano de la cobertura que algunos de estos regímenes le dan a organizaciones terroristas o a países que fomentan el terrorismo como vía para imponer su política.
Basta con recordar algunos incidentes graves y vandálicos que sucedieron en los últimos meses en Caracas y Buenos Aires.

Los incidentes que se registraron frente a la Legislatura de Buenos Aires en mayo, en el acto de festejo del aniversario de la independencia del Estado de Israel, son un ejemplo.

El antisemitismo no es nuevo, pero su rebrote en América Latina tras el último enfrentamiento entre Hamas e Israel se disparó en forma alarmante. No discuto el derecho de nadie a criticar a Israel, pero no estoy dispuesto a sumarme a campañas en donde la judeofobia y ser antiisraelí son las consignas. La histeria antiisraelí no la comparto. Si comparto, el derecho de los israelíes y palestinos a tener sus Estados, con seguridad y paz. Creo en el diálogo y en la negociación para llegar a la paz.

La explicación del rebrote de estos ataques antiisraelíes es obvia. La importación del conflicto del Medio Oriente a la región (que no la hizo Israel), apañada por la cobertura de gobiernos y organizaciones que funcionan bajo la égida del gobierno de Caracas, dan rienda suelta a estas peligrosas campañas antijudías.

En un artículo publicado en una popular página de izquierda en la Web, se exigía “denunciar públicamente con nombre y apellido a los integrantes de grupos judíos de poder con presencia en Venezuela”', así como también a “emplazar públicamente a todo judío que se encuentre en cualquier calle, centro comercial, plaza, etc., a que tome posición vociferándole consignas a favor de Palestina y en contra del estado-aborto de Israel''.

Las afirmaciones del líder piquetero oficialista argentino, Luis D' Elia, también son otro claro ejemplo. D´ Elia encabezó marchas por las calles de Buenos Aires en donde sus participantes enarbolaban signos en los que se igualaban las esvásticas nazis con estrellas de David.

En 2006 se llevó a cabo en la provincia de Córdoba una reunión cumbre del Mercosur, y paralelamente se desarrolló, como contrapartida, la denominada Cumbre de los Pueblos, organizada como es habitual por varios personajes y organizaciones de izquierda. Durante el desarrollo de esa reunión se realizaron varias marchas por el centro de la capital provincial en las cuales –en medio de un conglomerado de grupos izquierdistas y con la obvia presencia de Luis D’ Elía- se vieron banderas iraníes y palestinas, pancartas con la figura del ayatolá Jomeini y banderas con el logo del grupo terrorista Hezbolá.

El piquetero y ex funcionario del gobierno kirchnerista que se define como progresista, y que no pierde ocasión para atacar a Estados Unidos e Israel, realizó un viaje a Irán a mediados de 2007, en donde se comprometió con la defensa de esa nación. Por cierto que esa nación es la que niega el Holocausto, la que pide la aniquilación del Estado de Israel, la que sigue adelante con sus cuestionados planes nucleares, y que hoy no duda en matar y encarcelar a sus propios compatriotas que denunciaron el fraude electoral tras los últimos comicios.

Buena parte de los admiradores de Hamas, Hezbolá e Irán en Argentina se los ubica fácilmente en sectores de la izquierda, como la Corriente Patria Libre, la Agrupación Quebracho, Convergencia Socialista, el Partido Obrero, entre otras organizaciones. La titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, caracterizada también por su simpatía hacia otros grupos terroristas, entre ellos la organización armada vasca ETA, que tiene en su habar más de 800 muertos en la democracia española, también hace causa común con estas organizaciones.

Hace pocas horas dieron una nueva muestra de su intolerancia durante la visita del canciller israelí a Argentina. Reclamaron la ruptura de las relaciones de Argentina con el Estado de Israel, se manifestaron en contra del tratado Mercosur-Israel, y enarbolaron banderas palestinas y del grupo terrorista Hezbolá.

Y por cierto, muchos de estos grupos radicales de izquierda tienen aliados en nuestro país y en otras naciones de la región. El grupo Fogoneros comulga públicamente con ellos, como lo ha expresado en manifestaciones públicas. Pero también hay otros dirigentes de izquierda que piensan lo mismo pero lo dicen en voz baja, “off de record”.
Sólo hace falta dar una mirada a la Web o seguir con atención sus materiales propagandísticos y declaraciones.

Si me permiten una reflexión, no entiendo dónde estaban estos grupos de izquierda, sus dirigentes, y muchos de los presidentes de la región que hoy alzan su voz por los palestinos y contra los israelíes, cuando los propios palestinos de Fatah y Hamas se mataban entre ellos en una sórdida guerra civil por el poder y el dinero.
No entiendo, dónde se encontraban cuando en el mundo musulmán condenan al ostracismo a las mujeres, cuando condenan a muerte a los homosexuales, cuando la democracia y la libertad son temas pendientes, o cuando reprimen, torturan y encarcelan a su propia gente. No veo manifestaciones ni discursos contra las leyes islámicas que permiten que mujeres y hombres sean amputados en nombre del Islam.
La doble moral de estos presidentes y grupos políticos y sociales, es alarmante.

Pero, lo que más me preocupa es que con sus acciones y afirmaciones van creando, poco a poco, una corriente de opinión que se va instalando peligrosamente en las sociedades de la región. Abonan un peligroso campo fértil para nuevas generaciones con sus opiniones. Y al final, ser antiisraelí o ser antijudío no está mal. No hace falta recordar lo que viene después, la historia está presente.

Hoy, la prevención de cualquier atentado terrorista debe ser la primera prioridad en la región, pero también lo deben ser estas nefastas alianzas estratégicas basadas en que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
Para vastos sectores de la sociedad, que en forma incondicional siguen a líderes populistas, cualquier alianza tiene sentido si se hace contra Estados Unidos e Israel. Necesitan un enemigo externo, para justificar todas sus deficiencias y problemas que no pueden resolver en sus respectivos países. Construyen un proyecto en función de sus enemigos.

La importación del conflicto del Medio Orienta a territorio latinoamericano claramente beneficia a Irán, pero es un juego peligroso para los países y las sociedades latinoamericanas que se sumen a ella.

El presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad debe amar el trópico, comentaba irónicamente The Miami Herald. “Ha pasado, en América Latina, más tiempo que el presidente Bush.” ¿Y por qué sucedió?

En la primera década del nuevo milenio, el desplazamiento hacia la izquierda de muchos e importantes países latinoamericanos permitió a Irán tener más éxito en su intento de mejorar sus relaciones y de afincarse en el llamado “patio trasero de Estados Unidos”.

Desde el punto de vista de Ahmadinejad, en lugar de responder pasivamente al intento de Estados Unidos de aislar a Irán y convertirse en un jugador importante en Medio Oriente, el régimen de Teherán debería optar por movilizarse, agresivamente, en la propia zona de influencia de Estados Unidos como medio para, al menos, inquietarlo.

¿Qué busca Ahmadinejad en nuestra región? En primer lugar, busca el apoyo de América latina para contrarrestar las presiones de Estados Unidos y Europa, que intentan evitar que Irán desarrolle capacidades y armas nucleares. Venezuela y Cuba, apoyaron el programa nuclear iraní en la votación de febrero de 2006 en la Agencia Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas.

En segundo lugar, Ahmadinejad quiere contraatacar a Estados Unidos en su propio hemisferio y, tal vez, desestabilizar a los gobiernos amigos de Estados Unidos a fin de negociar, con Washington, desde una posición de mayor fortaleza.
La piedra angular de la política de Ahmadinejad en América Latina es la formación de un eje antiestadounidense con Venezuela y sus aliados izquierdistas latinoamericanos.

Durante una visita a Teherán en julio de 2006, Chávez dijo frente al público de la Universidad de Teherán: “Debemos salvar la especie humana y poner fin al imperio de Estados Unidos”. Cuando, un año después, Chávez llegó otra vez a Teherán, Ahmadinejad y Chávez usaron ese encuentro para declarar un “eje de unidad” contra Estados Unidos.

Ambos líderes aprovechan su abrazo para superar las críticas, el aislamiento y las sanciones internacionales.
Tanto Teherán como Caracas utilizan el beneficio de sus petrodólares para alentar a países de América Latina a emprender políticas de confrontación hacia Estados Unidos.
“Aquí están dos países hermanos, unidos como en un solo puño”, dijo Chávez, en Teherán. “Irán es un ejemplo de lucha, resistencia, dignidad, revolución y fe firme”, dijo Chávez a la cadena de televisión árabe Al Jazeera.

El gobierno iraní organizó la Primera Conferencia Internacional sobre América Latina en el Instituto de Estudios Políticos Internacionales, en el Ministerio de Relaciones Exteriores en febrero de 2007. El título fue “Desarrollo en América Latina: Su rol y estatus en el futuro sistema internacional”. Allí concurrieron numerosos operadores de la vida política y social de la región, para escuchar porque Estados Unidos e Israel son los culpables de todos los males de la humanidad.

Ese mismo gobierno -que desembarcó en Latinoamérica-, es el que afirmaba que cuenta con una partida presupuestaria de nueve dígitos para financiar a las organizaciones terroristas.
Se estima que esa cifra incluye 10 millones de dólares, o más, mensuales para su aliado terrorista principal, Hezbolá; 20 a 30 millones de dólares anuales para el Movimiento Islámico Palestino Hamas; 2 millones de dólares al año para Jihad Islámica Palestina, y –hasta hace poco tiempo– más de 30 millones de dólares anuales para insurrectos iraquíes.

El dinero que reparte el cártel petrolero iraní-venezolano parece ser la carnada para muchos gobiernos latinoamericanos, y viene acompañado por el creciente aumento de diplomáticos persas en sus embajadas en las capitales de la región, dando un claro indicio de sus intenciones de penetración política, económica, cultural y social.

En enero de 2008, los embajadores iraníes en Cuba, Brasil, México, Uruguay, Colombia, Nicaragua, Ecuador y Bolivia fueron convocados, a Teherán, por Ahmadinejad. El presidente les pidió que explicaran, en los respectivos países, qué ventajas podrían tener por mantener vínculos económicos y políticos con Irán.

Un artículo, aparecido en una publicación iraní, titulado: Las razones para expandir los nexos de Irán con Latinoamérica, analizaba la estrategia oficial.
De acuerdo con el informe, esa región aparecía como muy importante en la arena internacional por el tamaño de su población, sus recursos naturales, su enorme potencial para el comercio y la cooperación económica entre Irán y Latinoamérica. Hay además, aspectos políticos e ideológicos que contribuyen a las relaciones cercanas entre Irán y Latinoamérica, como la acentuada oposición cultural a la hegemonía y el control de Estados Unidos y la negativa a la política extranjera norteamericana, en especial en América Latina y Medio Oriente, sostenía la publicación.

La extraña alianza entre la casi fascista “petrocracia” iraní - que financia a grupos terroristas como Hezbolá y Hamas- con gobiernos ultra izquierdistas y populistas de la región, es un cóctel muy peligroso. El trabajo de esclarecimiento de estos temas debe ser constante. Es necesario hablar claro sobre estos hechos. Puede ser que hoy no sea políticamente correcto hablar de estos temas, pero guardar silencio o mirar hacia el costado es ser cómplice de lo que en el futuro pueda suceder.

Aquí no solo está en juego el derecho de Israel, de los israelíes, de los judíos. Está en juego el derecho a la libertad, la democracia y la paz de todos nosotros. El derecho a una cultura de la vida sobre el fundamentalista de la muerte.

¿Un Consejo Sudamericano de Defensa?

Por José Luis Martínez

1.1 Introducción

¿Los países de América del Sur están en condiciones de llevar adelante un Consejo de Defensa Sudamericano o será una sigla más de la gran cantidad de organismos que hay en la región y que sobreviven en estado crítico? Sudamérica tiene hoy distintos esquemas de integración, que muchas veces terminan sobreponiéndose y quedan en un plano retórico al mediatizar y no profundizar sus acuerdos fundacionales. La pregunta está en la mesa de los análisis de políticos, académicos y militares. La respuesta dependerá de las pujas internas por el liderazgo en una región, que cada vez tiene más conflictos y diferencias, en el convulsionado y multipolar siglo XXI, y en donde intereses extra regionales comenzaron a desembarcar en América Latina tras el fin de la Guerra Fría, sumando así una nueva complejidad al continente. Paralelamente, varios gobiernos hacen gala de su frontal oposición a Estados Unidos –al igual que en el siglo pasado- como principal eje de su política para construir eventuales modelos de integración regional. Cualquier intento de integración en el ámbito de la seguridad y defensa no se podrá obtener mientras no existan Estados consolidados en cada uno de los países, con democracias sólidas, que puedan superar las conflictivas situaciones.

2.1 Brasil y Venezuela en carrera por el liderazgo

Sesenta años después de la entrada en vigor del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), en 1948 en Río de Janeiro, Brasil ha propuesto crear un Consejo de Defensa Sudamericano. El presidente Lula da Silva lanzó esta propuesta en 2008, en plena crisis diplomática entre Colombia, Ecuador y Venezuela.
De la mano de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), Brasil quiere retomar el liderazgo que le disputa su socio en la región, el mandatario venezolano Hugo Chávez, que ha hecho culto de su infantil política antiestadounidense y de sus reiteradas
intervenciones en asuntos de otros países, como marco para impulsar su proyecto de integración geopolítica junto a Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Con antelación a la propuesta brasileña, el presidente Chávez propuso crear la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), una especie de “OTAN sudamericana”. El presidente venezolano afirmaba: “Debe llegar el día en que el MERCOSUR tenga una organización de defensa donde vayamos fusionando las Fuerzas Armadas de nuestros países y donde enmarquemos una estrategia propia de seguridad, soberanía y defensa”. Esto fue expresado en varias ocasiones y reiterado en presencia de algunos presidentes de la región, cuando se celebraba el 195 aniversario de la independencia de Venezuela. Esta idea, que quizás sorprendió a algunos pero que se enmarca en el proyecto geopolítico del chavismo, no recibió apoyo de casi nadie, fue más bien vista como otra extravagancia inviable del mediático mandatario populista
-que hacía gala de su poderío petrolero- y pasó prontamente al olvido, con más críticas que aplausos.
Sin embargo, tiempo después el Doctor Marco Aurelio García, asesor en temas internacionales del presidente Lula, se mostró partidario de una “Junta Sudamericana de Defensa”, diferenciándose de la ya existente Interamericana con sede en Washington, con la finalidad de no cometer errores en la integración sudamericana, como los que cometiera Europa por no haber implementado oportunamente una forma autónoma de defensa europea y que, a pesar de tener firmes definiciones políticas, no contó con el instrumento militar necesario para detener la crisis en los Balcanes, antes de que escalara al nivel de conflicto bélico generalizado, según opinaba el influyente hombre de Lula. “Nosotros deberíamos empezar a discutir en Sudamérica una seguridad colectiva para la región, con las especificidades del caso, que son distintas a la seguridad que nos quieren imponer de afuera hacia adentro”, en clara alusión a las nuevas doctrinas militares de Estados Unidos, según opinó el asesor de Lula. Sin embargo, agregó que es necesario para implementar estas ideas en el marco de la integración “ceder soberanía” en algunos casos, además de llevar adelante “políticas industriales comunes en los sectores militares”.
Desde el MERCOSUR señalaron en la oportunidad que Brasil quería crear nuevas estructuras integracionistas para liderarlas y presidirlas, lo que afirmaría su rol hegemónico, el que ya ha planteado en otros ámbitos, y que también lo extendería de esa forma al sector de la defensa en la región, relegando a los países socios más pequeños. Brasil, a través de sus operadores políticos y militares, intentó restarle trascendencia a esas afirmaciones y comenzó a operar diplomáticamente, pero en algunos ámbitos de la región la duda sobre las intenciones de Brasil sigue planteada. Como señaló un alto oficial de las Fuerzas Armadas brasileñas, hablando off de record, Brasil entiende que es la potencia subregional que debe liderar en todos los aspectos, incluido el militar. No le molestaría incluso compartir ese liderazgo con Estados Unidos en las Américas, mientras que Washington no intervenga en América del Sur, en la zona de influencia del gobierno de Brasilia.
Finalmente, el presidente Lula promovió su iniciativa del Consejo de Defensa Sudamericano, a la cual se sumó rápidamente Chávez. Pero, pese a la supuesta armonía entre ambos líderes y socios regionales, sus proyectos y visiones son diferentes. Mientras que la retórica antiestadounidense es la principal motivación del gobierno de Venezuela para llevar adelante el órgano sudamericano de defensa, la inclusión de Brasil en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, como señalamos, el afianzamiento de su liderazgo en la región y su expansión económica, son algunos de los objetivos –no los únicos- del gobierno del gobierno del presidente Lula.
El gobierno de Brasilia no va en la misma dirección ni orientación que el régimen de Venezuela porque, entre otras cosas, tiene una visión absolutamente distinta de su proyección continental. Brasilia no participa hoy del criterio de la intervención. Tiene Fuerzas Armadas desarrolladas con un criterio más geopolítico que de confrontación, pese a mantener diferencias muy claras en diversos temas con Estados Unidos. Estas no están basadas en un aspecto exclusivamente ideológico o filosófico sino, fundamentalmente, por un nacionalismo económico y comercial que ha llevado al gobierno brasileño a confrontar en fuertes y duras negociaciones, tanto en los ámbitos multilaterales como en los regionales. Las diferencias en los últimos tiempos fueron explícitas. Por ejemplo, en el G-20, en la OMC, en el MERCOSUR, en las negociaciones de éste con la Unión Europea y en el ALCA que, en alguna medida, fue abortado por Brasil, pero no en función de una confrontación de orden filosófico, sino simplemente, porque Brasilia estaba defendiendo el acceso a los mercados que se negaba a los sectores industriales privilegiados en el sentido de la vieja visión mercantilista, que todavía existe en el Brasil, en lo que hace a la relación entre el Estado, el Gobierno y el sector empresarial, sobre todo el industrial de San Pablo, pieza fundamental a la hora de las elecciones presidenciales de ese gigante sudamericano.
En esta estrategia, Brasil se maneja varias áreas importantes. La primera de ellas está vinculada a la política exterior. En este espacio, intenta ser un actor global, un global player o un global trader. Ha hecho una dura campaña en el ámbito regional para ser integrante del Consejo de Seguridad de la ONU, incluso manteniendo divergencias con su socio y vecino, Argentina. Además, ya ha anunciado su deseo de ser también parte del G-8. Quiere ser un actor de relevancia como una de las economías emergentes más importantes. Sin embargo, muchos actores responsabilizan al gobierno brasileño de olvidarse de la región y de buscar una inserción de carácter global a costa de sus responsabilidades de carácter continental como potencia subregional, lo que ha tenido consecuencias negativas para el funcionamiento de varios de los proyectos integracionistas. El interés nacional de Brasil choca en ocasiones con el de la región, que percibe un liderazgo ambivalente y lo mira con recelo al escuchar sus propuestas.

2.2 Las divergencias entre Brasilia y Caracas

Con seguridad que la empresa emprendida por Brasil para liderar un Consejo de Defensa Sudamericano es muy compleja, aun cuando se encuentre en una fase inicial, observada de cerca con un complaciente blind eye de Estados Unidos, demasiado comprometido en otros escenarios conflictivos del mundo como Afganistán, Irak, Medio Oriente y en la grave crisis financiera, a los que les asigna mayor prioridad y que le requieren dedicación casi exclusiva.
De todas maneras Brasil tiene su estrategia para su iniciativa. Lula buscará un diálogo directo con el presidente Barack Obama, para lograr un nivel de entendimiento sobre el hecho de que Estados Unidos lo reconozca, lo que es perfectamente posible, como el líder natural de una integración que no le sea hostil a Washington, y que paralelamente sería un puente para intentar aliviar las tensiones con el inestable Chávez y sus aliados del ALBA, enemigos auto declarados de Washington. Brasil es calificado por la administración estadounidense como un estrecho amigo y socio de Estados Unidos. En el encuentro de ambos presidentes en la Casa Blanca, Obama destacó el liderazgo firme de Brasil en la región. Pero Obama fue franco, en este período tiene temas de compleja resolución.
El almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, afirmó que es crucial el compromiso militar de su país con Sudamérica. Es muy importante que los militares estadounidenses estén comprometidos con los países de Sudamérica, una región crucial, declaró en Santiago de Chile. Ante la consulta de si teme que el naciente Consejo de Defensa Sudamericano sea una instancia para que el presidente venezolano Chávez aumente su influencia, Mullen dijo que Estados Unidos tiene muy buenos amigos en la región y en Sudamérica. El jefe militar del gobierno de Obama realizó una gira que lo llevó a Brasil, Chile, Perú, Colombia y México.
No obstante, la experiencia internacional respecto a estas superestructuras colegiadas indica que no tienen valor alguno si no están en capacidad de producir respuestas rápidas, contundentes y eficaces para enfrentar cualquier crisis, lo que implica antes superar las naturales diferencias políticas o ideológicas de sus miembros. Y en la actualidad, estos desencuentros, no son precisamente pequeños en la región sudamericana.
Aun teniendo en cuenta los positivos antecedentes acumulados en los últimos años, con ejercicios de interoperatividad entre las distintas Fuerzas Armadas, intercambios de alumnos en escuelas superiores, la integración en unidades tácticas para operaciones de paz, asistencia en desastres naturales y muchos otros gestos de confianza y buena voluntad, se aprecia que no serían suficientes para actuar con la necesaria libertad de acción, ante un escenario de crisis provocado eventualmente por algún conflicto que confronte los intereses nacionales fundamentales, de dos o más países miembros del bloque, como podría ser un simple caso de violación de la soberanía territorial o la afectación de recursos naturales esenciales para la subsistencia y el desarrollo económico, en especial en lo referido a la energía, tema vital para muchas naciones.
Por eso el Consejo de Defensa Sudamericano enfrenta diversos obstáculos. Por un lado, su instrumentalización para los fines nacionales de su creador, Brasil, y por el otro, las diferentes visiones de Brasil y Venezuela en materia de seguridad y defensa, y por consiguiente en lo político y económico. Ante las divergencias entre ambos, es dudoso que un Consejo común de Defensa, de haber existido, hubiera podido presentar una propuesta consensuada para resolver el conflicto entre Colombia, Ecuador y Venezuela.
Más allá de la condena de violar la soberanía territorial, las posiciones de Brasil y Venezuela no coinciden: mientras que Hugo Chávez apoya la posición de Ecuador y desafía la política de Colombia con sus vínculos con la guerrilla izquierdista de las FARC, Brasilia ha preferido desde siempre la neutralidad ante el conflicto interno colombiano y sus relaciones con Ecuador, con el que no comparte fronteras, son por momentos distantes.
Eso no quiere decir que Brasil simpatice con la lucha guerrillera. De hecho, una hipótesis de conflicto manejada es que el territorio brasileño sufra ataques de grupos irregulares o de algún país menor apoyado por alguna gran potencia. El Ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobim, y el asesor en temas internacionales, Marco Aurelio García, afirmaron que si las FARC penetran su territorio, serán repelidos por las Fuerzas Armadas. Sin duda, quieren evitar que la insurgencia anide en Brasil provocando incursiones de sus eventuales rivales. El ataque colombiano al campamento guerrillero instalado en Ecuador donde murió el jefe guerrillero Raúl Reyes no es el único ejemplo. Basta recordar que en 1998, las FARC atacaron la localidad fronteriza de Mitú logrando que las tropas colombianas se replegaran hacia el territorio brasileño, donde tomaron un aeropuerto, reunieron municiones y heridos y lanzaron un contraataque. A diferencia del caso ecuatoriano, esa vez, Colombia dio un mínimo aviso diplomático a Itamaraty, la poderosa cancillería de Brasil, que permitió aliviar un conflicto mayor.

3.1 Disputas entre vecinos y extra continentales

Nuestro continente alberga hoy graves diferencias estratégicas. Notorias divergencias de carácter político, económico e ideológico. Agudos conflictos, diferentes visiones, incluso antagónicas, sobre el orden internacional y sus consiguientes posicionamientos y, obviamente, enormes asimetrías en todas las esferas, que hacen naufragar muchas de las iniciativas para consolidar los necesarios proyectos de integración. Muchas veces queda todo en un discurso de buenas intenciones, y no pasa más allá de las encendidas y retóricas intervenciones en las cumbres presidenciales y ministeriales.
La realidad es que no hay en la actualidad país sudamericano, que además de sus conflictos de seguridad interna, no mantenga alguna disputa o tensión con alguno de sus vecinos o, incluso, con países extra continentales. Argentina con el reclamo por las Islas Malvinas con Gran Bretaña y la superposición de los límites del sector antártico. Buenos Aires también tiene conflictos con Chile por la demarcación de los Campos de Hielos Sur, por la instalación de fábricas pasta de celulosa con Uruguay, y la Triple Frontera con Brasil y Paraguay. En el caso de Bolivia, ésta mantiene su reclamo a Chile y Perú por un corredor en Atacama para acceder al mar.
Brasil, a pesar de su inmensa extensión territorial, ocupa una pequeña isla en el río Cuareim, reclamada por Uruguay, caso que involucra también a la Argentina, además de otro litigio por una reducida zona fronteriza denominada Triangulo de Artigas.
Perú reclama correcciones en sus límites marítimos, lo cual no es aceptado por Chile ni por Ecuador, además de sufrir en su territorio de cierta actividad narcoterrorista proveniente de Colombia. El Ecuador recibe la presión constante de numerosos refugiados colombianos y actividades de narcoterroristas localizadas en su frontera norte. Colombia, además del conocido conflicto interno con grupos terroristas, que se extiende a países vecinos, también sostiene un litigio con Nicaragua y Venezuela por límites marítimos en el Caribe. Por otro lado Venezuela reclama el territorio de la Guayana Esequiba a Guyana y en consecuencia la extensión de sus límites marítimos, lo que es rechazado conjuntamente por los estados caribeños insulares de St. Kittis y Nevis, Dominica, Santa Lucia, San Vicente y las Granadinas. Por último, Surinam reclama a Guyana gran parte de su territorio oriental y las áreas marítimas correspondientes, y también reclama a la Guayana Francesa sectores delimitados por los ríos Litani y Marovini, con lo cual se constituye, al igual que Argentina, en otro país sudamericano que mantiene disputas territoriales con potencias extra continentales.
A esto se le debe sumar los conflictos y las amenazas internas. Terrorismo, narcotráfico, lavado de dinero, movimientos nacionalistas, autonomistas, indigenistas y los choques eventuales que podrían originarse por la crisis financiera internacional, entro otros.
Varios informes de agencias de seguridad nuevamente mencionan que desde la Triple Frontera se está financiando a grupos terroristas como ser el Hizbullah (Partido de Dios) y el Hamas. Además de citar a Ciudad del Este (Paraguay), Foz de Yguazú (Brasil), y Puerto Iguazú (Argentina), de ser el supuesto epicentro del financiamiento a las actividades terroristas, ahora se incluye a Guaíra (Brasil) y Salto del Guairá (Paraguay), donde se estaría mudando la actividad comercial en los últimos años. Un informe del Departamento de Estado señala además que en las Tres Fronteras, se incrementa la actividad de las organizaciones criminales que tienen sus bases en Brasil, como el PCC y CV. El primer grupo tiene su centro de actividades en las penitenciarías del Estado de Sao Paulo y, el segundo, en las favelas de Río de Janeiro. Ambos rivales en las actividades ilegales entre sí, y enfrentados a las fuerzas de seguridad del gobierno. Por otra parte, la inteligencia uruguaya indaga si terroristas proiraníes utilizan a Uruguay como refugio, para alejarse de algunas zonas “calientes”.
Las disputas por temas energéticos crecen también entre naciones vecinas. Y no menores son las profundas y radicales diferencias que mantienen Venezuela, Bolivia y Ecuador con Estados Unidos, con duras acusaciones públicas y expulsión de diplomáticos, que por cierto no son bien vistas en otras capitales de la región. Esta es una fotografía de la región, en donde se pretende tener un Consejo de Defensa Sudamericano que opere en forma eficaz.

4.1 Organismos rivalizan entre sí, se superponen y no se consolidan

Por otra parte, la nueva iniciativa en el plano de la defensa se suma a una inusual ola de propuestas que invade la región con diferentes orientaciones y distrae los diversos procesos integracionistas ya existentes, confirmando las divergencias. Pareciera que en la actualidad los gobiernos latinoamericanas, unos más que otros, rivalizan en generar nuevas propuestas multilaterales descuidando los procesos ya iniciados, los que no se encuentran en muy buen estado.
Por ejemplo, el MERCOSUR, iniciativa regional de post Guerra Fría, se encuentra en estado crítico producto de la ineficacia de sus instituciones para mantener los objetivos comunes que impulsaron a los Estados parte a involucrarse en el proceso de integración regional, por la pérdida de foco y capacidad para jerarquizar los problemas de política subyacentes. Un problema clave del MERCOSUR hoy no es que se trate de una unión aduanera incompleta, sino que es también una precaria área de libre comercio, con diferencias recurrentes que enfrentan en mayor o menor grado a sus integrantes. El argentino Carlos Álvarez, presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR, sostuvo incluso que fue imposible hasta ahora adoptar una posición común sobre la crisis económica internacional. Diagnósticos parecidos podrían realizarse respecto al SELA, la CAN y otras organizaciones regionales, a las que se suman parlamentos y organismos de todo tipo, que se superponen y chocan entre si en función de los intereses nacionales.
A esta pérdida de dinamismo de muchas de las experiencias integracionistas regionales se le suman la vorágine de propuestas venezolanas en los más variados ámbitos: la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA); el Tratado Comercial de los Pueblos (TCP); el Banco del Sur; la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS); el Ejército del Alba; Petrocaribe, Petrosur y Telesur. La danza de siglas podría continuar.
Sin duda la puja por ser la locomotora y el interlocutor de Sudamérica, entre Brasil y Venezuela, es un hecho. Ni Brasilia ni Caracas cejan en sus propuestas para hegemonizar los procesos de integración, poniendo incluso contra la pared y comprometiendo a algunos de los gobiernos y sus maltrecha economías para expedirse en uno u otro sentido.

4.2 De la UNASUR al Consejo de Defensa Sudamericano

En muchas oportunidades los proyectos de integración regional se basan simplemente en llevar adelante una alianza antiestadounidense, algo que por cierto no logrará revertir las diferencias existentes entre los gobiernos de la región, ni resolver los problemas propios existentes. Sólo se pueden ocultar momentáneamente.
Conflictos diplomáticos como los de Colombia con Ecuador y Venezuela, que originaron el cambio de sede inicial de la UNASUR se mantienen actualmente. La negativa del presidente de Colombia para ejercer la presidencia del organismo, ocasionando el nombramiento pro témpore de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, marcó esos desencuentros. La renuncia del Secretario General, el ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja, quien hasta la fecha no ha podido ser reemplazado por desacuerdos entre los países, por agravios y vetos entre Argentina y Uruguay, son señalas claras de las grandes desavenencias.
Varios medios de prensa sudamericanos, reflejando el sentir de muchos actores de sus sociedades, alertaron que la constitución de la UNASUR en Brasil, fue un error, y agregaron que la iniciativa nació en medio de serios tropiezos. El diario peruano El Comercio aseveró que se llegaba a la UNASUR en medio de una fragmentación política e ideológica. Con beligerantes estados fallidos (Bolivia), expansivos estados autoritarios (Venezuela) y en plena reversión de los principios comunitarios liberales. Luego de su sorpresiva y bolivariana aparición en la agenda sudamericana para reemplazar a la abortada Comunidad Sudamericana de Naciones, nuestros países acaban de procurarse una nueva entidad en una región excedente en ellas, añadió. Consideró que este escenario fragmentado pretende organizarse en base a un nuevo principio -la diversidad- como si éste pudiera producir súbita cohesión e identidad en una realidad abundante en principios, e intereses en conflicto. Si Sudamérica requiere mayor interdependencia, no se avanzará reiterando el error de estos grandes diseños. En momentos de conflicto ideológico es bueno optar por soluciones concretas. UNASUR no apunta en esa dirección, agregó.
La Tercera en Chile indicó que la presidenta Michelle Bachelet había condicionado su participación a que se aprobara el tratado constitutivo de la UNASUR y que fuese apoyado en forma unánime. El diario el Mercurio acotó que en medio de discrepancias regionales, la mandataria marcó el sello de su agenda a la cabeza de la nueva institución. Agregó que en medio de fuertes diferencias entre algunos de sus miembros, en materias políticas y económicas, esta vez el bloque de países quiere destrabar de manera definitiva los esfuerzos integradores de la región.
En Ecuador, el diario El Comercio tituló la UNASUR se integró en medio de tropiezos por la dimisión del ex presidente ecuatoriano Rodrigo Borja a su designación como secretario ejecutivo y el rechazo de Colombia a asumir la Presidencia Pro-Témpore. El diario Hoy acotó que el nacimiento de la UNASUR se da en medio de las tinieblas, en alusión a un corte de energía eléctrica que se produjo minutos antes de la firma del tratado constitutivo del organismo.
En Venezuela, el diario El Universal tituló: UNASUR nace en Suramérica dividida, y añadió las mismas dificultades enfrentadas en el proceso de creación de la UNASUR revelan los desafíos que tiene por delante el nuevo organismo.
Así nació el organismo multilateral que tiene bajo su mando al Consejo de Defensa. Las diferencias continúan hasta hoy. Pese a la sintonía ideológica entre muchos gobiernos sudamericanos, no llegó la ansiada y pronosticada panacea que dejaría atrás los conflictos.
La última reunión de los presidentes sudamericanos, en Bahía en 2008, fue calificada incluso como una combocumbre por el diario El País de Uruguay. En ella, se superpusieron las Cumbres del MERCOSUR, del Grupo de Río, de la UNASUR y la de América Latina y el Caribe. Treinta y tres países representados rotaron en forma desordenada en las distintas cumbres, tratando de ajustar sus posiciones y sus agendas. Esa multiplicidad de reuniones atentó contra su eficiencia y sus resultados. No faltaron las propuestas para unificar el Grupo de Río con la Cumbre de América Latina y el Caribe; el regreso de Cuba al primero y la aprobación de un Consejo de Defensa Sudamericano en el marco de UNASUR que, como se sabe, ha sido ratificada por muy pocos Estados y no se encuentra jurídicamente en vigor, sostuvo el diario uruguayo.
Las reuniones en Bahía fueron más un ejercicio de terapia de grupo que de toma de decisiones. Cada presidente realizó sus propuestas de acuerdo al humor y a la forma de entender el relacionamiento de la región, en especial, con los Estados Unidos. El presidente Evo Morales propuso fijarle un plazo al gobierno estadounidense para poner fin al bloqueo a Cuba, bajo pena de retirar los embajadores latinoamericanos de Washington. El presidente Lula Da Silva buscó una aproximación más política y advirtió sobre la inconveniencia de “lanzar los zapatos”, recordando el episodio sucedido en Irak contra el presidente Bush y a la espera de los mensajes de la nueva administración de Obama.
Lo cierto es que la visión común de todos los países se resumió en un reclamo compartido contra los Estados Unidos, dejando de lado la cantidad de resoluciones que los empresarios y actores sociales aguardaban, en especial, los miembros del MERCOSUR para desbloquear su penosa situación.
El Código Aduanero no fue aprobado y, menos aún, la eliminación del doble Arancel Externo Común; con lo que la profundización de la unión aduanera no sólo ha quedado por el camino, sino que ha perjudicado la credibilidad del proceso. Se ha demostrado una vez más, la falta de voluntad política para asumir compromisos efectivos, tanto en los temas referidos como para el tratamiento de las asimetrías dentro del bloque. Y como los fondos comunitarios son notoriamente insuficientes, el Uruguay y el Paraguay terminan siendo socios secundarios que por rescatar un MERCOSUR integral motivan el enojo de Brasil y Argentina, más allá del esfuerzo de éstos por disimular sus divergencias entre sus políticas comerciales, en especial en la congelada Ronda Doha.
Por supuesto que en ese permanente cambio de escenarios, ninguna de las reuniones de la combocumbre pudo concentrarse en resoluciones efectivas. Tal dispersión ha privilegiado los enfoques nacionalistas, internacionalistas e ideológicos que postergan el peso de la experiencia y la realidad, sobre todo cuando en medio de una crisis, países como el Uruguay, necesitan consolidar sus economías de vecindad y proyectarse hacia terceros mercados sin fracturar la esencia del MERCOSUR como bloque.
En ese contexto, ha quedado por el camino la seguridad de acceso a los mercados, la preservación de la competencia, el debido equilibrio en la captación de inversiones hacia los cuatro países y la flexibilidad para relacionarse hacia afuera del bloque, como parte de la madurez del proyecto, y no como respuesta a la fragilidad de su funcionamiento. Entre tanta declamación y discursos cruzados, los vínculos económicos han quedado limitados al comercio de bienes y se postergan, una vez más, los temas de infraestructura, logística, energía, turismo, protección ambiental y desarrollo del sector conocimiento, entre otros.
El presidente uruguayo Tabaré Vázquez tuvo la expresión más feliz de todas estas reuniones, cuando pidió a todos los mandatarios y países presentes que era hora de sustraernos al escapismo de hacer responsable al “imperio de turno” de todos los males que aquejan a la región, y reiteró su negativa a apoyar al ex presidente argentino Kirchner como Secretario General de la UNASUR.
La denominada combocumbre ni siquiera se percató de que la crisis ya está instalada en la región, y que para salir de ella ya no basta con definir dónde está el enemigo, sino en encontrar caminos de modernización de nuestras economías y estrategias.
En ese contexto está el Consejo de Defensa Sudamericano, bajo la égida de la UNASUR.

5.1 Moscú y Teherán desembarcaron en la región

Pero por si las dificultades fueran pocas, además se suman otros intereses a la región que distorsionan los procesos de integración y su funcionamiento real. El presidente de Venezuela Chávez intenta influir en la política exterior sudamericana hacia Estados Unidos, apoyado en el avance de Rusia e Irán en Sudamérica —considerándolos sus aliados estratégicos—, y para ello no duda en utilizar todos los mecanismos de integración o incluso el reciente despliegue de la flota de Moscú en la zona, que encendió la preocupación de muchos.
Chávez piensa la integración en función de su política antiestadounidense. Su premisa es clara. Los enemigos de mi enemigo, son mis amigos.
El mandatario venezolano, que logró retener en forma indefinida el poder, sigue en su campaña de confrontación con Estados Unidos y fogonea la escalada, interviniendo también en asuntos nacionales de otros países de la región.
Al igual que lo hizo Fidel Castro en la década del 60, Chávez le abrió la puerta del continente a Moscú. Antes, lo hizo con el cuestionado régimen de Irán. Ambos países extra regionales tienen un claro interés por disputar la histórica influencia de Washington en América Latina.
A tirios y troyanos le sirve la nueva estrategia. Moscú y Teherán amplían su influencia diplomática y simultáneamente generan nuevos negocios, y los países latinoamericanos del eje que Chávez lidera, por su parte, establecen alianzas que ayudan a reducir el peso de la política estadounidense en el continente.
La reciente gira del presidente ruso por Latinoamérica es un mensaje de desafío a Washington, y una respuesta a la influencia de Estados Unidos en países de Europa Oriental que fueron satélites soviéticos en la Guerra Fría (1945-1990) y en naciones de la ex Unión Soviética, como Georgia.
El presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, concluyó en Cuba una gira estratégica que incluyó a Venezuela, Brasil y Perú, marcada por pactos económicos y militares. Por su parte el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, visitó también Bolivia y Venezuela, dos de los países de la región enfrentados ideológicamente con Estados Unidos, arropado por los discursos del eje que reúne a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Esta alianza estratégica se reforzó luego con visitas de los presidentes Raúl Castro, otros mandatarios y ministros a Moscú y Teherán.
Medvedev finalizó su periplo por la región con una reunión con el histórico líder comunista de la Guerra Fría, Fidel Castro -enfermo y alejado del poder desde hace más de dos años y medio- y tras una apretada agenda de encuentros con su hermano y sucesor, el presidente Raúl Castro. Hablaron de aumentar las relaciones económicas, lazos técnicos militares, y del trabajo conjunto en la seguridad y la cooperación regional.
Antes de visitar Cuba, inauguró en Venezuela con su colega Chávez maniobras navales conjuntas en el Mar Caribe, inéditas desde el fin de la Guerra Fría. Las maniobras, bautizadas “VenRus 2008”, se realizaron con la participación de unos 1.600 efectivos rusos y 700 venezolanos, acompañados por las respectivas flotillas de la armada y del aire.
Los rusos se sienten acorralados y cuestionados por los países occidentales en su zona de influencia, y dicen: ¿Por qué no jugar al mismo juego con América Latina? Tienen necesidad de demostrar que todavía no están fuera de combate, que siguen siendo una superpotencia. Algo parecido le sucedió al régimen teocrático de los ayatolas. Cuando la comunidad internacional los cuestionaba por su carrera nuclear, decidieron desembarcar en el patio trasero de Washington de la mano de Chávez, quien criticó al presidente Obama incluso antes de asumir por el cuestionamiento que el presidente demócrata hizo al régimen de Teherán.
América Latina representa para Moscú un teatro de operaciones disuasivas que contrabalancea los espacios de poder ocupados por Estados Unidos en la ex esfera soviética. “Regresamos a América Latina y regresamos para siempre”, dijo desde Moscú el portavoz de la cancillería rusa, Alexei Sazonov, con un tono que sonó como de advertencia. Rusia, además, podría usar Cuba para colocar sus bombarderos estratégicos, y Venezuela ha ofrecido a Moscú su territorio para ello, dijo un alto mando de la fuerza aérea rusa, un anuncio que podría tener consecuencias sobre las relaciones entre Moscú y Washington. “Es posible con Cuba”, afirmó el general Anatoly Zhijarev, jefe del estado mayor de las fuerzas aéreas estratégicas rusas. “Si existe la voluntad de los dos Estados, la voluntad política, estamos dispuestos a volar ahí”, añadió.
“Hay cuatro o cinco aeródromos con pistas de 4.000 metros de largo, que nos vienen muy bien”, agregó el teniente general, que precisó que las instalaciones son “plenamente aceptables” para que la aviación rusa las utilice en patrullas de larga distancia.
Los comentarios son la última señal de que Moscú quiere extender sus capacidades militares a nuevos puntos del globo, alejados de su territorio, pese a un presupuesto militar limitado y un material que según algunos expertos está en buena parte obsoleto.
Zhijarev no aclaró si Rusia se plantea establecer bases permanentes en esos dos países, o si se limitaría a usar sus instalaciones ocasionalmente.
El general dijo que el presidente de Venezuela Hugo Chávez ofreció a Rusia una instalación militar aérea de la isla venezolana de La Orchila para sus bombarderos estratégicos.
“Sí, existe tal propuesta del presidente de Venezuela. Si hay una decisión política apropiada, es posible”, reconoció el general.
Rusia reanudó las patrullas de larga distancia de sus bombarderos estratégicos en agosto de 2007 tras 15 años de interrupción, diciendo que no estaba más que siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, que no suspendió ese tipo de patrullas tras el fin de la Guerra Fría. El año pasado, Rusia despachó dos bombarderos Tu-160 al aeródromo militar venezolano de Libertador para unos ejercicios, vistos como una advertencia a Estados Unidos.
A finales de 2008, una flotilla rusa encabezada por el crucero a propulsión nuclear “Pedro el Grande” participó en unas maniobras conjuntas con la marina venezolana en el Caribe, coincidiendo con una visita a la región del presidente ruso Dimitri Medvedev.
El pasado julio, un alto oficial de la fuerza aérea estadounidense advirtió que Rusia estaría cruzando “una línea roja” si coloca bombarderos nucleares en Cuba.
“Si lo hicieran, creo que debemos ser firmes y señalar que es algo que cruza un umbral, que cruza una línea roja para Estados Unidos”, dijo el general Norton Schwartz el 23 de julio de 2008.
La agencia Interfax indicó que hay tres tipos de bombarderos rusos capaces de efectuar patrullas de larga distancia: el Tu-95MS, el Tu-160 y el Tu-223M3.
Cada uno de los bombarderos Tu-160, que fueron los enviados a Venezuela el pasado año, es capaz de portar 12 misiles de crucero dotados de cabezas nucleares.
El gobierno ruso incluso solicitó la incorporación, en carácter de observador, al Consejo de Defensa Sudamericano de la UNASUR, que deberá se refrendado en 2009, cuando se encuentren los 12 jefes de Estado. La UNASUR se institucionalizó en mayo pasado en Brasilia y quedó conformada por Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.
Se abre sin duda un capítulo de influencia regional de Moscú y Teherán en Sudamérica, y esto obligará al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y a la jefa del Departamento de Estado, Hillary Clinton, a no descuidar sus relaciones con América Latina. Clinton se anuncia como una interlocutora poco cómoda para Moscú. En Moscú lo saben. El diario Izvestia, que responde al Kremlin, calificó a Clinton de “halcón” de la administración del presidente Obama y la acusó de pertenecer al ala derecha del Partido Demócrata. La disputa también se juega en esta región, porque en política el vacío no existe. Las potencias extra regionales llegan a Sudamérica para intentar ocupar el lugar que había dejado Estados Unidos, tras los ataques terroristas del 11-S.
El desembarco comercial-militar de Rusia e Irán en América Latina utilizando a Venezuela como plataforma, es un hecho. Washington debería llevar adelante una diplomacia vigorosa y multipolar, con más socios y menos adversarios. La ecuación dependerá del interés que tenga la administración del demócrata Obama en sus vecinos de la región que necesitarán una atención especial ante la nueva crisis económica que ya comenzó, lentamente, a llegar al sur y que podría encender nuevos conflictos.
El almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, afirmó que el incremento de la influencia militar de Rusia en la región -con ventas de armas a Bolivia, Perú y Venezuela- es “uno de nuestros grandes desafíos en el compromiso que tengamos en el futuro con Rusia”. El militar también no dejó pasar la ocasión durante la vista a Brasil para alertar sobre la ofensiva iraní. “Irán continúa desarrollando su potencial para tener un arma nuclear, eso será muy desestabilizador para la región y el mundo”, aseguró Mullen ante sus interlocutores brasileños. Todos saben cual es el nuevo escenario en la región.

6.1 Sudamérica incrementa sus gastos militares

De la mano del desembarco de potencias extra regionales, la alianza estratégica entre Venezuela y Rusia, se selló con un incremento en la compra de armamento. Moscú y Caracas firmaron contratos armamentísticos por un valor de al menos 4.400 millones de dólares que incluyen radares, 24 aviones Sukhoi-30, 50 helicópteros y 100.000 fusiles Kalashnikov, sistemas de defensa aérea, entre otros pertrechos.
El gasto de defensa en Sudamérica se incrementó en 2008, totalizando unos 50.000 millones de dólares, pero la región está lejos de llevar adelante una carrera armamentista clásica, según distintos estudios. Sin embargo, es un contrasentido que en Estados en los que subsisten gravísimas problemas sociales, de exclusión, pobreza e indigencia, se sigan destinando altos porcentajes de sus presupuestos nacionales a gastos en armamento. Aunque no siempre se reconoce oficialmente, la compra de material bélico en un país lleva a los vecinos a pensar en igualar o superar ese gasto.
La curva va en ascenso. El gasto destinado a defensa por los países de Sudamérica el año pasado fue récord y representó un aumento de 25% respecto a la cifra de 2007.
El gasto militar puede tener distintas lecturas, si se analiza el incremento año contra año, el volumen de fondos destinados o el porcentaje que representa sobre el total del presupuesto o el PBI.
Pero la otra referencia, es la comparación con otras regiones del mundo. América del Sur destina al gasto en defensa el 1,74% de su PBI y dicho porcentaje es el menor de mundo en términos regionales, por debajo de los países de la OTAN (EEUU, Canadá y Europa), Rusia y Asia Central y Medio Oriente y África.
En cuanto al monto, los 50.000 millones de dólares que gasta en Defensa la región, equivalen al 9% de lo destinado por Estados Unidos, lo que resulta lógico dados los compromisos estratégicos de la primera potencia militar del mundo. Pero es el 81% de lo que gasta Francia y el 81% del Reino Unido y el 82% del gasto militar de China.
El gasto en defensa sudamericano, es aproximadamente un quinto más grande que los de Japón, Alemania y Rusia respectivamente, es el doble de India,- cuyo gasto de defensa es casi igual al de Brasil,- y los de Canadá y España son aproximadamente un tercio del de América del Sur.
En conclusión, si bien el incremento del gasto militar de América del Sur es record en 2008 respecto a 2007 con relación al último cuarto de siglo, este se inscribe en una tendencia mundial en la misma dirección,- que puede ser acentuada por tensiones dentro de la región,- pero sigue siendo el más bajo en términos de porcentaje del PBI con relación al resto de las regiones del mundo.
Brasil en los últimos tres meses de 2008, anunció también la compra de 63 helicópteros militares (12 rusos y 51 franceses) y cuatro submarinos nucleares franceses. Además, entró en vigencia una licitación para la renovación de aviones de combate de la fuerza aérea. Brasil es el quinto país más poblado del mundo y su economía ocupa el noveno puesto mundial en términos de volumen.
En términos absolutos, Brasil lidera en América Latina los gastos en el sector. Sin embargo, en relación PIB, la nación pierde ante sus vecinos. Datos del Instituto Internacional de Estudios de Estrategia (IISS) de Londres, apuntan que en 2008 el presupuesto del país para ese sector fue de US$ 20.100 millones. Desde 1991 hasta 2007, el incremento de las adquisiciones de armamentos fue de más de US$ 9.000 millones. Como comparación, el presupuesto de Colombia alcanzó US$ 5.500 millones el año pasado. El gasto de Chile fue de US$ 2.300 millones; de Venezuela, US$ 3.300 millones; de Perú, US$ 1.300 millones; de Argentina, US$ 1.900 millones; y Bolivia, US$ 257 millones. Ecuador gastó en sus Fuerzas Armadas US$ 773 millones, pero ese dato se remonta a 2007, según el IISS, y México, US$ 3.700 millones en el mismo período.
Su las inversiones se mantienen, de aquí a cuatro años el cuadro militar de América Latina, principalmente en la parte sur del continente, será diferente y Brasil aparece como un probable líder en ese proceso. Brasil quiere recuperar su fuerza ofensiva.
En la región, Chile y Colombia son los países que han modernizado de forma constante sus Fuerzas Armadas, en el último caso desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (1938-1945). Aún así, las últimas compras anunciadas pueden mejorar la posición de Brasil en términos de capacidad bélica, acercándolo a países europeos como Italia y España, lo que podría ayudar en la campaña brasileña para lograr un puesto como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas.
Las recientes adquisiciones y el hecho de que Brasil haya planteado la creación de un Consejo de Defensa Sudamericano muestran la intención del país de convertirse en un actor regional más preponderante. El gasto de Brasil está en proporción a su tamaño y población, mientras que el de Colombia está enfocado en su lucha en contra de la guerrilla y el narcotráfico.

7.1 Planes estratégicos de Brasil

En la presentación frente al Congreso brasileño de los nuevos lineamientos del Plan Estratégico de las Fuerzas Armadas de Brasil, el ministro Jobim comentó que de los 15 mil kilómetros fronterizos, los más preocupantes son los del área occidental del país. Los altos mandos brasileños saben que –pese a varios informes internacionales de inteligencia– la Triple Frontera con Argentina y Paraguay no es tan caliente como la que poseen con Perú y Colombia, un inaccesible punto fronterizo. “Allí pueden ocurrir las mayores fricciones”, aseguran. Aunque en la región ya se movilizaron unos 25 mil efectivos, proponen abrir nuevos cuarteles y enviar más tropas, innecesarias en el sur por la actual alianza con su socio Argentina. También se impulsa una iniciativa para restringir el acceso de extranjeros al Amazonas: los empleados de ONG, turistas y científicos deberían tener un permiso oficial para transitarlo y las multas serían de hasta 60 mil dólares. Mucho debate generaron las modificaciones del servicio militar por el denominado “servicio social obligatorio” que prepararía a los ciudadanos frente a diversas contingencias y permitiría seleccionar a los futuros uniformados, favoreciendo la profesionalización de las fuerzas. En ese marco, con claros intereses nacionales, se inscribe la iniciativa del Consejo de Defensa Sudamericano, que lleva adelante el gobierno de Brasilia.
Brasil comienza a desarrollar esta visión estratégica militar con dos prioridades: una de ellas es el Atlántico Sur y la otra es la Amazonia. Estamos hablando de temas de carácter estratégico que, además, están vinculados a la necesidad de replantear su posicionamiento en función de nuevas Fuerzas Armadas. Recientemente, la justicia brasileña autorizó la creación de una gigantesca reserva indígena, con un área equivalente a más de la mitad de Bélgica en plena Amazonia en la frontera con Venezuela, a pesar de las protestas de los hacendados que querían quedarse. Allí tendrán libre acceso las Fuerzas Armadas, porque más allá de la política indigenista, está el proyecto estratégico global de Brasil, que va más allá incluso de esta administración.
La “doctrina Jobim”, que comienza a desarrollarse en forma muy fuerte a partir del mes de julio del año 2007, habla de una reorganización de las Fuerzas Armadas, de una política de re equipamiento, de una vanguardia tecnológica, de una operativa basada en la capacidad nacional y, sobre todo, de un estudio de defensa que determina que el Brasil debe pasar adelante en su propuesta y en el desarrollo de sus Fuerzas Armadas. El resultado de esto es que el presupuesto brasileño otorga para el año 2008 un aumento del 50% en los recursos para los gastos de defensa del país. Este porcentaje está claramente vinculado a la necesidad de desarrollar la industria brasileña en función de la propuesta que se viene realizando.
Detrás de todo esto hay otro aspecto sustancial que es, precisamente, la industria, y no sólo la de carácter militar, sino la industria como visión. La estrategia del Brasil no tendría sentido si no tuviera un desarrollo industrial en el área del armamento, que durante mucho tiempo se ha verificado con visiones distintas de acuerdos a los momentos políticos. Tal es el caso, por ejemplo, de los aviones Tucano, de la propia EMBRAER o de los carros de combate Osorio –que llevan el nombre del General Osorio, primer comandante brasileño en la Guerra de la Triple Alianza–, todo esto, en función de un viejo esquema de desarrollo estratégico que hoy es planteado con mucha más fuerza.
La integración de la industria militar brasileña tiene dos proveedores: Francia, que es uno de los más importantes, y Rusia, pese a las dificultades que tiene para seguir en muchos casos en la cadena de suministros, sobre todo de repuestos.
El desarrollo de las industrias militar brasileña está orientado a la venta al mercado regional y exterior.
Hoy, Brasil es el mayor proveedor de armas en América del Sur, y podría ganar terreno a los fabricantes estadounidenses si los gobiernos de la región lograran poner en conjunto sus asuntos de defensa. Así, el Consejo de Defensa Sudamericano brindaría la posibilidad de cortar la dependencia de América del Sur con los proveedores armamentistas extranjeros –especialmente, con los estadounidenses– y de las prohibiciones que ello conlleva. Tal es el caso, por ejemplo, de los cazas comprados por Chile, que vinieron sin misiles por causa de las restricciones a las transferencias de tecnología de los Estados Unidos, o cuando en el año 2006 Estados Unidos le impidió al Brasil vender aviones a Venezuela.
Brasil apunta a ocupar determinados nichos del mercado armamentístico regional exportando ítems como blindados, pistolas –ya vendió un gran número a Venezuela–, municiones y un avión de transporte militar EMBRAER que ha sido, de alguna forma, uno de los emblemas de la cuña de exportación de la industria militar brasileña. EMBRAER, por ejemplo, se ha convertido en un importante proveedor de la Fuerza Aérea colombiana, que cuenta con 25 cazas Súper Tucano AV-29 y AT-27, así como con aviones de transporte y entrenamiento fabricados por la empresa brasileña
Asimismo, pretende dar mejores y más baratos servicios que los proveedores extranjeros y generar dependencia de repuestos y de reposición de material bélico. En materia industrial, es una repetición de su viejo modelo de sustitución de importaciones y, de alguna forma, del sueño mercosuriano-brasileño de crear una reserva de mercado para todo lo que produce a nivel industrial en la región.
El propio Ministro Jobim ha enviado al Congreso un proyecto de ley para generar importantes incentivos a la industria bélica nacional. Incluso Francia, con quien el Brasil acaba de suscribir un importante convenio económico de venta de armas y tecnología, incluyendo la nuclear –pese al Tratado de Tlatelolco–, ve en este país la puerta de entrada al mercado sudamericano, que hasta ahora le había estado vedado por la industria estadounidense. Hay que tener en cuenta que Francia cambió el concepto de vender por el de fabricar en el país comprador, por lo que le interesa mucho el Brasil para desarrollar su industria militar.
Por qué surge la iniciativa del Consejo de Defensa Sudamericano tiene que ver con todos estos elementos de la estrategia brasileña. Esta propuesta viene de la participación complementaria de Itamaraty, de las Fuerzas Armadas y de la visión industrial de un proyecto de país de reserva de mercado. También incidió la participación de la oficina de asuntos estratégicos, al mando del Ministro Roberto Mangabeira Unger, profesor de Harvard, que tuvo como alumno en su prédica de carácter estratégico, al hoy presidente estadounidense Barack Obama.
Con la cooperación del Ministerio de Defensa y los jefes de las Fuerzas Armadas, este súper ministerio ha elaborado un Plan Estratégico Defensivo. “Necesitamos reorganizar las fuerzas armadas en torno de una vanguardia científica, con una industria orientada a desarrollar su propia tecnología”, sostiene Mangabeira Unger.
La doctrina militar que impulsa este súper ministro se basa en unidades de desplazamiento rápido, que se establecerían en la Amazonia y las regiones fronterizas. Esto último podría convertir a Brasil en un gendarme regional: salvo con Chile y Ecuador, el país tiene fronteras con toda Sudamérica: Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Guyana, Suriname y Guayana Francesa.
Estos elementos son muy importantes en la proyección del país, y se reflejan en la creación del Consejo de Defensa Sudamericano. Se establece un mecanismo de consulta para prevención de conflictos, un escudo de defensa militar, el desarrollo de la industria militar y una reorganización de las Fuerzas Armadas en la que, la vanguardia tecnológica, la operativa de la capacidad nacional y la industria de defensa son los factores más importantes. Para los próximos diez años se ha establecido un plan en el que el Ministerio de Defensa, la Secretaría de Planeamiento y los representantes de las Fuerzas Armadas trabajarán en una Comisión que deberá describir y desarrollar toda la estrategia brasileña. Se está planteando un Ejército con vehículos blindados, brigadas de operaciones especiales, comunicaciones, fuerzas aéreas de combate, Mirage, Súper Tucano, y la construcción y puesta en funcionamiento para los años 2012 y 2013 de submarinos nucleares que fabricará Brasil. Algunas informaciones se vinculan con el enriquecimiento de uranio que se va a relacionar, precisamente, con la producción de estos armamentos. Brasil tiene su proyecto y Consejo de Defensa es parte de su meditada estrategia.

7.2 Visiones militares

El general brasileño Augusto Heleno Pereira, quien fuera jefe militar de la MINUSTAH en Haití, y quien comanda la vasta y estratégica Región Militar de Amazonía, sostiene al defender el proyecto de su país que: “Se deben aumentar las relaciones entre las Fuerzas Armadas de América del Sur, con intercambio de personal y ejercicios conjuntos. Lo estamos haciendo pero podemos hacer mucho mas”. El general Heleno Pereira quizás sea hoy uno de los más calificados para coordinar una estructura como la anunciada por el presidente Lula, teniendo en cuenta además que Brasil pretende liderar el Consejo de Defensa Sudamericano, opinan algunos operadores.
En Uruguay también el tema de la defensa regional generó debate, y no sólo entre los políticos. Un documento militar presentado durante los trabajos para elaborar la Ley de Defensa afirmaba que: “La integración de un mecanismo de defensa regional, a partir de la asociación comercial existente implica estudiar en qué calidad nos integraríamos, junto a los demás miembros del bloque, y en particular con respecto a Brasil y Argentina, ya que se deberá tener en cuenta en qué proporción ellos estarán dispuestos a considerar nuestras posibilidades en recursos humanos y materiales, o nuestras limitaciones económicas”.
Agregaba el documento uruguayo que “deberá quedar claramente establecida si la integración tendrá como objetivo la participación de fuerzas de paz, como se viene realizando en Haití, o si abarcará también la participación en cuestiones de seguridad interior de los países miembros del bloque, con lo cual nuestro país podría verse obligado a participar en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia organizada o la insurgencia dentro del territorio de uno de los países del bloque y viceversa”.
Más adelante afirma que: “Seguramente todos los países integrantes de la región comparten la visión actual de las “nuevas amenazas” (narcoterrorismo, narcotráfico, crimen organizado, corrupción, marginación, pobreza extrema, etc.). No obstante esto, por diversas razones de orden geográfico, político o económico, no todos los países se verán afectados por éstas, de la misma forma o con la misma intensidad, lo que puede llevar a que nuestro país ´importe´ amenazas (Internacionalización de la Amazonia). Ello provocará concepciones diferentes en lo que respecta a la definición de seguridad o a la formulación de las políticas de defensa”.
Cabe señalar que esa misma inquietud es válida para otros países, donde sus tropas serían empeñadas en operaciones militares en un ámbito internacional que, paradójicamente, les son estrictamente prohibidas por ley en su propio país, pero que de hecho las están ejecutando en Haití bajo el mandato de la ONU.
La fragmentación que vive nuestra región, la carrera armamentista desatada, los planteos binarios que siempre buscan definir contra quién estamos, en lugar de buscar caminos de paz y crecimiento compartidos, deja más interrogantes que respuestas sobre iniciativa.

8.1 Conclusiones

Sin duda, la puja entre Lula y Chávez por liderar en la región marcará el tenor del Consejo de Defensa Sudamericano y su eventual misión en una América Latina, inmersa en interminables conflictos sin resolver y, ahora, con una incipiente carrera armamentista, mientras que paralelamente potencias extra regionales llegan a Sudamérica para intentar ocupar el lugar que había dejado Estados Unidos, tras los ataques terroristas islamistas del 11-S.
Por eso importa, y mucho, cómo serán los acuerdos regionales –si logran trascender- en el campo de la defensa, o si serán simplemente una muestra más de la infantil política antiestadounidense de ciertos sectores, que buscan la integración basándose en la retórica y la confrontación con Washington, más que en la construcción de un proyecto en donde la democracia sea el pilar para el desarrollo de sus respectivas sociedades.
Veremos si se trata de un organismo acotado, reducido a determinadas posiciones de carácter coyuntural y en función de intereses nacionales, o un Consejo operante en el sector defensa que no se quede sólo en la fase de las discusiones teóricas y de los negocios armamentísticos.
El Consejo de Defensa Sudamericano es una herramienta dentro de la UNASUR, y aún hay dudas sobre su funcionamiento real como un organismo multilateral. Podría quedar en un sello más, que engrosaría la danza de siglas en las que se sumerge Sudamérica.
Este Consejo, en principio, se va a superponer a una cantidad de organismos ya existentes. Hoy existen en la región y en el hemisferio varios mecanismos de cooperación, con plena capacidad operativa. Tal es caso de la OEA, que tiene carácter hemisférico, de la cual depende la Junta Interamericana de Defensa, el Comité Consultivo de Defensa y la Comisión de Seguridad Hemisférica, el Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE) y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD). De hecho, este Consejo se parece bastante a la Junta Interamericana de Defensa pero sin la participación de los Estados Unidos, Canadá y los países del Caribe. Sin duda, su creación fortalecería el incipiente sistema sudamericano y debilitaría aún más el sistema hemisférico. Más allá de los intereses nacionales de Brasil, es con esta óptica que habría que considerar la creación del nuevo Consejo.
En la reunión de los viceministros de defensa de la UNASUR, llevada a cabo en Chile en enero de este año, se decidió la creación del Centro Sudamericano de Estudios Estratégicos de la Defensa. La decisión es consecuencia de la propuesta realizada por la ministra de defensa de Argentina, Nilda Garré.
La implementación de una institución de estas características a nivel regional debería concentrar principalmente los aportes de los centros de estudios que son orgánicos o dependientes de los Ministerios de Defensa de cada uno de los países miembros y coordinarlos para obtener un producto, que dentro de un lapso razonable permita contribuir eficazmente en el diseño de las estrategias y políticas regionales.
Si bien las características de los centros actualmente existentes en cada país en este ámbito son naturalmente distintas, cada uno debe disponer de la capacidad para constituirse en el punto focal de confluencia de otros, pertenecientes tanto a sectores estatales como a instituciones privadas, que sean convocados con esa finalidad.
Los puntos que exigen definición inicial serán la conducción, el financiamiento, los recursos humanos permanentes, las áreas temáticas de investigación, las actividades a realizar, los productos a elaborar y los públicos para los cuales finalmente se destinarán los resultados obtenidos.
Se interpreta que la creación del Centro Sudamericano de Estudios Estratégicos representa un avance importante en la conjunción del pensamiento estratégico de los países miembros y que brindará una primera muestra de trabajo combinado desde un marco excluyentemente regional. Esto se materializará con la generación de productos, que contribuyan a la adopción de estrategias y políticas sustentables para el logro de objetivos que respondan a los intereses comunes ya enunciados, sin que los mismos afecten de alguna manera a sus miembros, en la preservación de sus propios objetivos nacionales, lo que constituye en sí una tarea de importante magnitud e intenso esfuerzo para una región conflictiva.
Por su parte, el primer objetivo del Consejo de Defensa Sudamericano será consolidarse como un mecanismo permanente de discusión en materia de defensa de los 12 países que integran la recién creada UNASUR, según se lo acordado en la reciente reunión de marzo en Santiago de Chile, en donde se instaló luego de diez meses de negociaciones, tras estampar una breve declaración de tres páginas y unas mil palabras.
La agenda 2009-2010 se divide en cuatro ejes: políticas de defensa, cooperación militar, acciones humanitarias y operaciones de paz, industria y tecnología de defensa, y formación y capacitación. Cada uno tiene una serie de iniciativas específicas.
En este marco, los países se comprometieron a compartir y dar transparencia a la información sobre gastos e indicadores económicos de defensa y crear un mecanismo para contribuir a la articulación de posiciones conjuntas de la región en foros multilaterales sobre defensa.
También se planificarán ejercicios combinados de asistencia en caso de catástrofes naturales, se creará una red sudamericana de capacitación y formación en seguridad, se pondrá en funcionamiento el Centro Sudamericano de Estudios Estratégicos de Defensa y en noviembre de este año se llevará a cabo en Río de Janeiro el primer Encuentro Sudamericano de Estudios Estratégicos.
Asimismo, se elaborará un diagnóstico de la industria de defensa de los países miembros, identificando capacidades y áreas de asociación estratégicas, para promover la complementariedad, la investigación y la transferencia tecnológica.
Sin embargo, la tensa relación diplomática que mantienen en estos momentos Chile y Perú fue otro de los asuntos que alcanzó protagonismo en la reunión constitutiva, pese a que los titulares de defensa de ambos países trataron de evitar rispideces. Esto pone un manto de duda con respecto a los objetivos del Consejo. Perú presentó ante la Corte Internacional de Justicia los argumentos de su demanda contra Chile por los límites marítimos de ambos países. A consecuencia de esto, Chile decidió suspender indefinidamente las denominadas reuniones “2+2”, que se realizaban periódicamente entre los ministros de Defensa y de Relaciones Exteriores. En la reunión de Santiago, Goñi descartó que éstas se reanuden a corto plazo.
Más que la unidad ansiada y proclamada, en la región campean los conflictos políticos.
El diálogo entre Argentina y Uruguay está virtualmente distorsionado desde hace varios años debido a una fábrica de celulosa de la empresa finlandesa Botnia instalada en un río fronterizo. Las relaciones entre Brasilia y Asunción amenazan tensarse por los precios y distribución de la energía de la represa de Itaipú, que el presidente electo de Paraguay, Fernando Lugo, ha puesto en tela de juicio. Chile y Bolivia mantienen diferencias limítrofes que también involucran a Perú y se arrastran desde el siglo XIX. Incluso la escalada verbal entre La Paz y Lima va en aumento. Venezuela y Guayana mantienen desde hace más de 100 años un diferendo limítrofe por el Esequibo, una zona rica en minerales, que abarca cerca de 160.000 kilómetros cuadrados (casi el tamaño de Uruguay) y cuya soberanía es reclamada por Caracas. Y la lista de conflictos podría continuar.
Es evidente que en el sector de la defensa y la seguridad lo que pueda ser útil a Colombia, no sería tal vez de utilidad para Brasil. Lo que necesite Argentina probablemente no vaya en consonancia con lo que quiere Bolivia, Perú, Ecuador o Chile. Y lo que requiera Uruguay en materia de defensa y seguridad, no será seguramente lo que propone Venezuela.
Por eso es válido preguntarse si existe una identidad en América del Sur o una filosofía compartida que permita llevar adelante con éxito esta iniciativa, cuando las diferencias van en muchos casos en aumento. Qué va a pasar con la asimetría entre los países específicamente en el área Defensa, van a desaparecer gracias a este nuevo organismo. Cómo pueden asegurarse países más pequeños sus derechos ante las prioridades de los países más grandes. Uruguay y Venezuela tendrán los mismos amigos y enemigos, por ejemplo. Todos estos cuestionamientos son válidos a la hora de ver con cierto escepticismo la iniciativa. Los 12 países sudamericanos forman una región con más de 17 millones de km2 de extensión, 380 millones de habitantes y un PBI de US$ 1,3 billones. Sudamérica tiene además el 25% de las especies animales del mundo, el 10% de la superficie cultivable, el 30% de bosques de madera y las mayores reservas de agua dulce, petróleo y gas. Pero, la heterogeneidad, la desconfianza política y los conflictos pesan mucho.
La solución de los problemas bilaterales que persisten entre los países en la región no vendrá de la mano de un Consejo de Defensa Sudamericano. En Santiago de Chile no se discutió sobre ningún país en particular por las diferentes visiones y problemas existentes. Por eso una integración en el campo de la defensa dependerá de muchos factores, entre ellos la construcción de confianza, en un momento en donde la crisis financiera amenaza con inestabilizar la región. Hay posiciones disímiles y conflictos en materia política, económica y militar. Sudamérica no es la Unión Europea. El Consejo de Defensa de la UNASUR no se ha planteado en ningún caso formar una fuerza militar clásica conjunta, similar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Este Consejo no apunta a ser una alianza militar clásica. No hay ninguna pretensión de hacer una fuerza sudamericana de defensa, que sería un problema y no una solución. Hay dudas a ser aclaradas en relación a la función, en este nuevo esquema, de los ministros de defensa, el rol de la política en relación a los objetivos y a las estrategias en contraposición o complementariedad con las decisiones militares, además de cuestionar si el liderazgo económico supondría un liderazgo militar en la región. Es lógico tener dudas sobre la viabilidad de este Consejo creado por Brasil a la medida de su estrategia, que se convertirá en un foro para la obtención del consenso y también para la administración del disenso regional en una región que debería ser de paz. Más allá de las buenas intenciones, el tiempo dirá si el flamante Consejo de Defensa Sudamericano tendrá una vida eficaz, si llega a pasar de los discursos y las declaraciones a lograr acuerdos -que deberán adoptarse por trabajosos consensos negociados-, o será simplemente una tribuna más para criticar a Estados Unidos y dejar los problemas y conflictos irresueltos en un eterno limbo, de una región que debe insertarse en un mundo global cada vez más competitivo, multipolar y con nuevas amenazas.

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